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Cuando el Autocontrol No Nos es Posible

autocontrolLA Falta de un Adecuado Autocontrol Emocional

Según mi modestísimo entender, que parte no sólo de lo que dicen los autores que he leído, sino también de la experiencia clínica y de la experiencia de vida, habría en el no poder controlar el enojo (autocontrol), un mal aprendizaje, que tiene también mucho de mito en el sentido de que “no es bueno enojarse”  y que debiera poder la persona transitar la vida, sin necesitar enojarse, ni tampoco hacer muestras de las emociones cuando éstas no son las “adecuadas” o ”bien vistas por los demás”.

En realidad esto no es así, el enojo forma parte de la vida, de las emociones y de las distintas circunstancias que vivimos, las cuales nos ponen en situaciones que no son del todo agradables, que nos hacen sufrir, que nos frustran, que nos avasallan, que nos impactan y ante las cuales solemos reaccionar con la emoción de la ira, el enojo, el malhumor, el silencio, etc.

El enojo entonces es una emoción natural y que desde pequeños experimentamos, el problema, la dificultad radica en cómo una vez adultos expresamos ese enojo, cómo podemos manifestarnos y aún con ese enojo poder interrelacionarnos de un modo pacífico, controlado, sociable a pesar de no estar a gusto con ésta situación.

Enojarse es natural, lo sano es poder discriminar, poder tolerar la situación y que ésta no se transforme en un momento en que la “Ira, el descontrol”, se apropie de nuestra persona y del momento que estamos atravesando. Que por nuestro enojo nos convirtamos en sujetos difíciles de autocontrolarse, con los consecuentes efectos dañinos para los demás como para nosotros mismos.

Cuando la persona es presa de esa ira, de ese enojo y malestar producido por ésta emoción que despierta su reacción, con tanto nivel de intensidad que no puede autocontrolarse y carga con aquellas personas hacia las cuales orienta ese malestar; siempre tiene que ver con que en etapas tempranas de su vida no ha habido ese aprendizaje necesario para tomar OTRA conducta que no sea el ENOJO y una vez que éste se manifiesta, que pueda haber otra conducta que es la de permitir y permitirse transitar ese malestar, haciendo una ecuación, un cambio que le permita no exteriorizarse de manera “primitiva” sino hacerlo con otro modo, templando su malestar, morigerando su ira, y mostrando que no está tal vez conforme con la situación, si ésta no le parece justa, o como la quiere, podrá decirlo o no, pero también podrá hacer que la ira no alcance el nivel de intensidad que no pueda permitirle hacer un pleno uso de su control: autocontrol; habiendo logrado crecer en ésta situación y en todas las que se le presenten en su vida.

No estoy hablando aquí de que no hay que enojarse, sino de que ésta emoción no pueda controlarse, y al producirse ésta falta de control, se canalice esa gran e intensa emoción hacia otro u otros como modo de ira, agresión, insultos, incluso golpes, vejámenes, salvajismo, etc.

La reacción violenta

Generalmente tiene que ver con conductas adquiridas, con identificaciones con personas violentas, con violencia que ha sido ejercida sobre la propia persona en períodos de la infancia o adolescencia, es decir en tiempos de la vida en  que la persona no podía discriminar que no son éstas conductas a copiar, sino que sólo podía vivenciar que éstas conductas no le gustaban y generalmente le hacían sufrir, le atemorizaban, etc.

Luego con el avance de la vida, y por recursos que tiene la psiquis, aquello que en la infancia rechazó o le hizo sufrir y padeció terminó siendo un modo de conducta adquirido, con el cual se identificó porque precisamente eran expresiones que manifestaba algún adulto que fue alguien significativo para su vida.

Conducta copiada, y asimilada para sí, que de no modificarla ahora en su adultez, es muy posible que quienes le siguen en la vida, quienes son los pequeños del presente y que participan recibiendo esos malos modos y conductas violentas y agresivas; de no mediar el cambio aquí y ahora, lamentablemente seguirá en ese niño del hoy manifestando cuando adulto esa manera patológica de exteriorizar su emoción, cada vez que las situaciones no sean las que desea, cuando siente frustración, cuando siente un sufrimiento, cuando no se siente querido, mimado, y respondido del modo que desea; ahí aparece la ira, ahí aparece el enojo, ahí aparece el malestar que se transforma en violencia, generalmente hacia quienes siente y vivencia como vulnerables, que son las mujeres y los niños.  Se presenta aquí la violencia doméstica, la violencia familiar, la que muy triste y lamentablemente en no pocas ocasiones sólo para en la muerte de quien es el objeto de tanta ira.

Luis y su ira contenida,

Recuerdo en éste momento a Luis, éste fue un paciente de aquellos que desde la primera sesión solemos nosotros los psicoterapeutas y por distintos motivos sentir una especial atención y cuidado para que siga con su psicoterapia y llegue hasta el final; para así dejar de una vez y para siempre sufrir las secuelas de tanto sufrimiento vivido en su infancia y también en su adolescencia, pero recuerdo que sus recuerdos infantiles fueron los más crudos, los que más le afectaron.

No quiere decir esto que no nos conmovamos con todos los pacientes, pero hay especialmente algunos, y Luis fue uno de ellos hacia los cuales prestamos una especial atención y hacemos un cierto seguimiento comprometiéndonos en el sentido de dar ese más significativo apoyo que por su vulnerabilidad, y el abandono sufrido otrora, era necesario para que los tiempos del proceso terapéutico fueran transcurridos sin el abandono por el que suelen incurrir quienes han sufrido y tanto en la vida, ya que forman en su psiquis una especial forma de reaccionar ante las circunstancias, que cuando éstas les resultan difíciles, consideran que “no van a poder” que no “es para ellos éste proceso” que no “merecen vivir una vida mejor” y ante diversas reacciones debemos salir a la “palestra” y mostrarles esto anticipándonos al posible abandono, ya que no sólo será un camino con cambios a medias que no le permitirán seguir repitiendo conductas negativas para él, sino también para quienes son aquellos que también en el presente seguirán identificándose con éstas y formándose con conductas negativas y violentas, de no mediar ese cambio que sólo con un proceso adecuado logrará Luis para sí.
Luis había sido el hijo mayor de varios hermanos varones de un matrimonio en el que su padre trabajaba de albañil y si madre hacía las tareas domésticas.<

Cuando vino a la consulta fue derivado por un tribunal de familia, cuya jueza había entendido que era posible darle a Luis la posibilidad de remediar aquello que le llevaba a ser violento a veces, pero esto a pesar del amor y devoción que sentía tanto por su esposa Marta, como por sus dos pequeños hijos.

Como dije previamente la niñez de Luis se destacaba entre su buen desempeño escolar, y la permanente búsqueda de tratar y a veces infructuosamente que su padre cuando volvía “borracho” a su casa no descargara la violencia hacia su esposa (madre de Luis), y esto ocurría prácticamente todos los fines de semana.

Luis Recuerda que cuando llegaba el viernes y en el horario en que su padre debía llegar a la casa de vuelta de su trabajo, al no hacerlo en el horario esperado; ya se instalaba en su persona y en la de sus hermanitos el temor, miedo y hasta terror anticipatorio que era el que sentían toda vez que desde que se  bajaba el padre del colectivo se podían escuchar sus gritos llamando a su madre y haciendo una historia con cada objeto, cosa o situación que en la medida que se le presentaban en su “recuerdo” entiende Luis o que iba viendo en el patio tal vez algún juguete desparramado, o la ropa tendida, en fin todo aquello que se le presentaba como molesto, era primero en gritos puesto en conocimiento de su madre, luego en la exigencia de que ésta los acomodara según su voluntad y visión para luego volcar por cualquier motivo la golpiza que ya su madre de tanto recibir….amargamente esperaba…

Luis había sufrido mucho por esto, se había hecho responsable y se sentía también “culpable” de no poder impedir la golpiza, y en la medida que fue siendo más grande fue recibiendo él los golpes, pues fue el único modo que tuvo en ese momento de impedirlo, hasta que ya siendo mayor, no recuerda si de 16 o 17 años pudo impedirle definitivamente a su padre que lo golpeara y para “nunca más me volvió a pegar desde aquel día Licenciada!”.

Lo que no pudo Luis por sí y sin ayuda profesional, fue impedir que ante aquello que lo enojaba, que le molestaba, que le hacía sufrir, que le frustrara, no se manifestara en sí mismo, en su propio modo y conducta la exteriorización de ésta situación con gritos, peleas, y hasta rompiendo cosas.  Lo hacía de tal modo y frecuencia últimamente, que ante el temor por que la violencia siguiera en aumento, su esposa y con muy buen tino había denunciado la situación ante el tribunal y la jueza había también con buena predisposición depositado la confianza en Luis como para que éste demostrara con los hechos que de verdad amaba a su familia tal como lo decía y debería demostrarlo haciendo el tratamiento psicológico como único modo de poder salir de ésta situación, de encontrar con la ayuda profesional el camino para dejar atrás la virulencia de sus manifestaciones de ira, para aprender a exteriorizarse de un modo pacífico, pudiendo decir lo que le pasaba sin por ello utilizar la violencia, porque indudablemente la jueza entendía que éste cambio era posible, sólo debía hacer el camino para lograrlo.

Tanto en el caso de Luis como el de tantos y tantos pacientes que recibieron el tratamiento profesional conmigo, puedo decir con orgullo que es una de las razones que justifican el abrazar ésta profesión, el mostrar a la persona el camino que le permite dejar atrás aquello que le hace sufrir y hace sufrir y tanto a otros, con el agravante que si está esta exteriorización en el seno de la familia, es violencia que no se corta, y tampoco se detiene, sino que se traslada en el tiempo y aumenta siempre en magnitud que puede como dije previamente terminar en la muerte de aquel o aquella sobre quien se exterioriza la ira.

Por esto es fundamental que quien no puede controlar su ira, tenga un momento de reflexión y con humildad entienda que puede cambiar, que no es bueno el manejarse con violencia, que no es saludable, que daña y que hace sufrir no sólo a su familia sino a todo aquel que forma parte de ese mundo en el que se mueve.

Al buscar la ayuda, es posible aprender a manifestar cualquier emoción y de una manera “civilizada”, pacífica, con entendimiento, con moderación porque habrá aprendido logrando ese cambio interior profundo, a sacar la ira de antaño contenida y a conectarse sólo con lo que en éste momento de su vida le aqueja, pudiendo así vivir de otro modo, en plenitud, en alegría, con amor, y vivenciando la vida pacíficamente.

Lic. Cristina Heinzmann
Creadora del MétodoHeinzmann de Hipnosis Terapéutica
Proceso que le permite a la persona alcanzar un adecuado CRECIMIENTO PERSONAL

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