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Cuando la Depresión se Instala

hombre-triste-llorandoEs muy común que ante un estado de ánimo triste, o un sentimiento de pena, o desánimo las personas crean estar deprimidas.  A tal punto esta apreciación es frecuente que cuando relatan cómo se sienten o sintieron hoy o ayer, o en días anteriores si ésta sensación de displacer les hizo conectarse con hechos o circunstancias vividas en ese momento o en momentos o días previos y aparece un estado de ánimo negativo, cuando hablan de él dicen “estoy deprimido/a” “estuve deprimido/a”.  Pero en realidad ese momento no ha sido una depresión, sino un estado de angustia, tristeza, desánimo que correspondió a tal o cual hecho o circunstancia pasajeros, y que no les ha ocupado gran parte del día o sólo unos cuantos días.

Para que se trate de una depresión éste estado de ánimo negativo, esta tristeza, deben haber estado en la persona por lo menos un cierto tiempo que nos permita suponer que se trata de un trastorno, de una enfermedad (se considera que al menos deben haber transcurridos dos meses continuos sintiendo éste malestar).

Es común sentir tristeza, congoja, pena, dolor cuando se ha producido una pérdida que puede ser la de un ser querido, de una relación, de un quiebre económico, etc.  y esa tristeza va a acompañar a la persona un tiempo que llamamos lógico para cada quien, pero en ese tiempo la persona va transitando su dolor y su pena va menguando, se ve claramente que si bien se siente mal, está triste y mal de ánimos, con el avance del tiempo y los días, en casos los meses, hay un problema una situación puntual que ha disparado este malestar, pero que avanzando en el tiempo se puede avizorar que en su interior la persona va aceptando la situación y va a pesar de su pena, de su dolor y de en muchos casos su llanto, va cambiando en intensidad su sentir, y disminuyendo este en el tiempo.

Ocurre que ante las mismas circunstancias personas que no están tan fuertes, o ésta pérdida los ha atacado en sus partes más débiles, la tristeza se instala, la persona no transita su duelo, no hace el proceso y la depresión se instala, viene para quedarse y sólo con un tratamiento que según el caso será con psicoterapia sólo o también con la suma del tratamiento psiquiátrico (medicamentoso) que podrá salir de la depresión.

A éste tipo de depresión se le llama reactiva, o se lo llamaba antes al menos, y es porque se produce en reacción a un hecho, una circunstancia que supera a la persona y no le permite reponerse a ella.

Este trastorno del estado de ánimo “depresión” torna a la persona en alguien que manifiesta pena, displacer ante los distintos hechos o circunstancias que en la vida vivencia, y es como si estuviera fuera de ellos, emotivamente no siente ganas o deseos de vivenciar o participar de eventos, que otrora sí le causaban placer.

La persona depresiva siente además de la falta de deseo y el displacer ante todo y todos, también un sentimiento de inutilidad en la vida, siente una mirada catastrófica hacia su futuro, y en no pocos casos tiene ideación suicida, en casos también llega al acto del suicidio.

Y si  bien se la llama depresión reactiva en contraposición a la depresión orgánica, no siempre es posible rastrear un problema, conflicto o situación puntual que le diera génesis.

Es muy común que existan sentimientos y pensamientos prejuiciosos acerca de la sintomatología que muestra un depresivo; su familia en muchas ocasiones se siente impotente ante la no respuesta vital y voluntariosa de ese familiar ya sea padre, madre, hermano/a, hijo/a, etc. que permanece con un cambio que ellos notan se ha producido, pero que a todas luces y según su común entender “no hace nada, no tiene ‘voluntad’, no quiere salir de ese estado de ánimo, no aplica un interés de lograr lo que los demás le piden, que es reponerse, volver a ser quien fuera”.  Y aquí se presenta como muy importante el carácter psicoeducativo de quienes estamos en el ámbito de la salud, no sólo de la salud mental, sino de la salud toda, en cuanto a hacer saber que muchas veces esa persona, ese familiar que no responde a los mandatos, súplicas y pedidos, e incluso exigencias de los familiares, no lo hace porque tal vez no puede, ya que si se trata de un depresivo/a, seguramente no puede.

Sumados a la tristeza permanente, también hay preocupación, sensación de vaciedad, pena o melancolía, sentimiento de infelicidad.  Hay pérdida de rendimiento intelectual ya sea en estudios o en trabajo, oficio o profesión.  Ha dejado de sentir interés por lo que otrora sí le movilizaba.  Su mirada ante la vida es hostil, melancólica y negativa “todo lo ve en forma pesimista, nada es posible, no tiene confianza ni fe en sí mismo/a, en los demás ni en el mundo o la vida”.  Sus pensamientos son entonces negativos, ha cambiado en la vida si antes solía ser una persona decidida, dinámica, ahora muestra signos de indecisión, indeterminación, enlentecimiento mental, volitivo y motriz;  aunque ese enlentecimiento corporal se manifieste con signos de agitación.

Suele manifestar llanto, pero también falta de emoción y es común que no manifieste sentimiento alguno, reflejándose esto en la expresión de su rostro (anhedonia).

Si bien suelen experimentar tristeza y llanto, como así también angustia; en otras personas se manifiesta esta tristeza como una falta de afectación y afectividad, pérdida del apetito, y del sueño; aunque también hay quienes tienen un sueño más largo y profundo, y sientan en el dormir una necesidad que va mucho más allá de la necesidad del descanso, refiriendo siempre que “están cansados” “no tienen deseos de nada” y tampoco “quieren frecuentar o permitir que otros los frecuenten socialmente.” La sexualidad también se ve afectada, sintiendo falta de deseo sexual, anorgasmia, disminución en la erección, también eyaculación precoz, y falta de orgasmo tanto en el hombre como en la mujer.

Siempre hay que tener en cuenta que a la depresión se llega solo, pero para salir es muy difícil hacerlo sin una ayuda, pues la persona depresiva es la primera que se cuestiona su imposibilidad de salir de ella, y termina creyendo que es producto de su propia imposibilidad de la cual se hace responsable el no poder volver a ser como antes, no poder volver a tener la misma vitalidad, voluntad, fuerza, estado de ánimo positivo, etc.

Cuando una persona que padece de depresión llega a la consulta, ha sido ya mucho su sufrimiento y generalmente lo hace por derivación de otro profesional, cuando éste repara que tal o cual diagnóstico no responde al tratamiento, y repara que los síntomas son concomitantes con el curso de una depresión.

María Luisa:
Recuerdo que estando en mi consultorio en el Hospital, un día y producto de mi costumbre de dejar la puerta abierta entre paciente y paciente, en búsqueda de ese necesario aire que yo siempre acostumbro a hacer circular en él.  Siendo una de éstas tardes no la escuché  llegar absorta en mis tareas administrativas es decir en plena redacción de una HC(historia clínica), cuando reparé en ella quien estaba apoyada en el marco de la puerta abierta y mirándome con esos sus ojos tan tristes y sin vida que realmente producían un fuerte impacto en quien los mirara fijamente como yo lo hice en ese momento. Me saludó preguntándome si yo era la Lic. Heinzmann, a mi respuesta afirmativa, me dijo que había preguntado en la Institución por una psicóloga y le habían dado mi nombre pues yo era la profesional que estaba en ese momento atendiendo.

Luego de hacerla pasar y tomar asiento frente a mí en el consultorio, ante mi pregunta de para qué me buscaba me respondió ”vengo porque mi padre me lo ha pedido, el dice que no debo seguir en cama todo el tiempo, y como se ha puesto triste y me dice que su mayor temor es morirse y que yo no salga de la cama, es que por él estoy aquí” y acotó “pero en realidad a mí no me interesa estar mejor como ellos dicen, a mí no me interesa nada” y era tal su real desinterés que éste se manifestaba en su modo de sentarse con el torso casi apoyado sobre su falda, la cabeza gacha, sus ojos perdidos en el piso, su tono monótono de hablar y desganado, su mirada sin mirarme sino dirigiéndola hacia el piso, y en su tono de algún modo podía percibirse el casi fastidio que sentía y expresaba en su modo de hablar por estar en éste lugar. Acordé con ella un primer turno y allí ya comencé a pensar que tal vez fuera una “depresión mayor” se decía por aquel entonces a la depresión orgánica(genética), y si era así tal vez debía hacer también una derivación a alguno de mis colegas psiquiatras para una asistencia conjunta. Pero esto sería para después, tomando todo el material que se desprendiera de las entrevistas preliminares que realizaría las primeras semanas de su asistencia a mi consultorio.

Quien lee éstas palabras y no conoce del tema seguramente está pensando cómo es que yo con unos pocos minutos de haber estado en contacto con María Luisa podía ya haber hecho un diagnóstico;  sucede que cuando se tiene experiencia clínica ésta nos permite en una primera impresión tener elementos como para ir haciendo un diagnóstico aproximativo, que luego con las otras entrevistas diagnósticas se confirman o no:  pero debo decir que M L se presentó con una evidente manifestación clínica en su modo, en su movimiento, en su mirada, en el modo en que no movía casi los labios para hablar, en la falta de expresividad en su rostro, que me hacía presuponer era una depresión la que cursaba, aunque siempre esto se coteja y se confirma o descartan esos primeros inicios diagnósticos del primer encuentro con el material que se produzca en los siguientes encuentros, hay veces en que es tan evidente la sintomatología que en ese primer encuentro aunque sea corto se evidencia el cuadro, y el caso de M L fue así.

Fue muy largo el tratamiento de  M L pero fue tanto lo que cambió en su vida.  Lo que supuse en un comienzo que tal vez sería necesario una interconsulta con un especialista en psiquiatría, con los siguientes encuentros evalué que iba a intentar el tratamiento solamente con la psicoterapia porque si bien el avance era lento, había muestras aunque pequeñas de que la mejora se producía.

Ya en las primeras sesiones aceptó dejar la cama, al menos unas horas al día.  Su rutina diaria era comer su desayuno y en la cama porque era el único modo en que le aceptaba a su padre el alimentarse en ese horario, y creo yo éste ante su negativa de alimentarse por la mañana había sabiamente aceptado esto y se lo llevaba en forma personal a su cama, se quedaba junto a ella y cuando ésta a regañadientes hubiera consumido el alimento, no siempre completo, ante la negativa de continuar ingiriéndolo, el padre se llevaba los utensilios.

Al medio día aceptaba ir a almorzar a la mesa, y a la merienda se repetía lo del desayuno; aunque la cena no siempre la aceptaba, y su padre a regañadientes “ya no me pelea más” cuando ésta no lo quería, no insistía más.
El nivel de depresión en M L era ya crónico, se había instalado varios años atrás, pudiendo rastrear ese comienzo al suceso de la muerte de su madre, hacía ya 14 años.  M L que en el momento del comienzo del tratamiento conmigo tenía 40 años, por aquel entonces tenía 26.  Ella cuenta que cuando la intensa tristeza, angustia y llanto que tanto dolor le produjera la muerte de su madre fue disminuyendo, también fue amenguando en su deseo de salir, de participar de eventos sociales, perdiendo también el interés en estar de novia, a punto tal que dejó a su novio o éste la dejó a ella, en realidad no recuerda bien cómo fue, si recuerda que él insistía en que ella había cambiado, que ya no deseaba o al menos no mostraba deseos de estar con él, y siempre quería postergar el evento matrimonial que habían estado planeando antes de la muerte de su madre.

También recuerda M L que además fue perdiendo interés por todo, inclusive por ir a trabajar, y ese trabajo que tenía lo perdió precisamente porque sus faltas se hicieron frecuentes, y pasado ya un par de años de la muerte de su madre, no justificaban ya más sus faltas y terminó aceptando la propuesta de su padre de quedarse en casa y ocuparse de todos los menesteres domésticos “ahora que tu madre no está y vos no trabajas” entonces aceptó y no salió más a buscar trabajo.

M L además de vivir con su padre, vivía con una hermana 10 años menor, que cuando fallece la mamá era una adolescente, luego estudió y en el presente de 30 años ya es una profesional que vive de su profesión, pero que permanece aún en la casa paterna, y con quien M L hace varios años no se habla siquiera, y cuando está en la casa, ella se va a la habitación “para no verla”, preguntada del motivo por el que no se hablan, dice que no recuerda, pero que la “presencia sólo de su hermana le genera hostilidad e ira”, éste síntoma de hostilidad es muy común en el depresivo, que sabe que tiene bronca y que por lo general no sabe a qué o a quién; y que cuando como en éste caso hay alguien que genera un motivo, es hacia ese alguien en quien se deposita la bronca porque se lo identifica como objeto perturbador de su estado de ánimo; sin dudas había hacia su hermana mucha competitividad que luego con el avance del tratamiento surge que su hermana y sus logros académicos en su vida le mostraban a M L su detenimiento en éste sentido al menos en la vida, producto de su depresión.

Porque no debemos perder de vista también que el depresivo así como es insistido de sus familiares en “que ponga voluntad” para salir de la situación, se siente responsable de su depresión y sujeto hacedor y responsable, valga la contradicción de las palabras, de éste no hacer que produce la depresión

Cuando de un tiempo a esta parte de la historia comenzaron las hostilidades entre ambas hermanas, ante las frecuentes discusiones, M L sintió un día que no tenía deseos de levantarse tan siquiera, y así lo hizo por meses, y en éste momento puntual en que busca la ayuda profesional, lo hace no por sentir interés en modificar su sintomatología, porque evidentemente su interés no estaba presente o al menos consciente en ella, sino que era movida por una particular pena que sintiera cuando su padre días atrás y presa de un ataque de llanto le dijera que él “sentía que se iba a morir pronto y necesitaba para irse tranquilo saber que ella se curaba de su enfermedad”, indudablemente que era necesario algo tan fuerte para M L como el llanto de su anciano y amado padre para sacarla de la cama, y eso hizo posible su posterior aceptación de una psicoterapia y posterior cura de la depresión.
En el tratamiento psicológico de M L lo que apliqué fue la metodología cognitivo conductual, más la técnica de la hipnosis.

Produciendo éstas herramientas que ésta paciente aprendiera a modificar sus pensamientos, su apreciación negativa hacia el mundo y hacia la vida que tenía por un concepto distinto y modificante que le permitió fortalecerse, levantar su autoestima, modificar su modo negativo por un modo positivo de ver la vida, y encontrar como así también lograr en su interior las fuerzas necesarias y suficientes que producto de ésta metodología terapéutica le permitieron aprender a crear fortalezas internas que le hicieron posible modificar y lograr la cura.

Según la OMS será la Depresión una de las principales causas que produzcan incapacidad laboral y social para el año 2020.  Y si nos ocupamos de ver las estadísticas de los países que se permiten hacerlas en cuanto a la incidencia de la depresión en comparación con otras patologías mentales, vemos que el aumento es alarmante.

El porqué de esto se debe en mucho a nuestra vida ajetreada,  exigente y estresante actualmente vigente en todo el mundo, tanto en los países ricos, como en los países pobres.  Pues es tanto lo que de la subjetividad misma, lo de la historia familiar y social del individuo lo determina y condiciona para padecer de depresión, se pudiera al menos disminuir en número la cantidad de pacientes que la padecen.

Yo he trabajado como psicoterapeuta en Institución pública de salud, y la forma en que desde mi entender se puede hacer prevención a una depresión instalada ya como patología es utilizando la psicoeducación, es decir hacer conocer que los estados de ánimos displacenteros y negativos no tienen porqué tomarse como algo que vino para quedarse y que deben formar parte de la vida de una persona.

Todo lo contrario es la alegría, el buen ánimo, el placer y el equilibrio lo que debiera ser tomado como la normalidad en el sentido de que es lo natural.  Cuando la persona aprende a ver las cosas en un sentido positivo, cuando aprende a buscar el lado bueno de las cosas o situaciones, cuando aprende a buscar en su interior recursos que le lleven a tolerar o enfrentar tal o cual situación que se presenta como azarosa o al menos frustrante, entonces está aprendiendo a sentirse bien, a superar las dificultades, aceptarlas cuando no las puede cambiar y a no sentir tristeza ni deprimirse cuando las circunstancias lo superan, sino a buscar una salida.

Es decir ésta persona de la cual hablo a aprendido a adaptarse a las circunstancias cuando no las puede cambiar, a aceptarlas y a buscar lo bueno de ellas.  Ante un cambio que asusta, que doblega y domina, buscar la forma de aceptarlo si no se puede de otro modo, a participar del mismo y cambiando así prepararse para lo nuevo de un modo positivo y enérgico, a no derrumbarse ni dejarse avasallar por lo que se presenta y siente como negativo y ante lo que no puede luchar ya que ese particular modo negativo es la posible antesala de una pronta depresión si no se repone a ésta circunstancia que ve como adversa.

Entonces entiendo yo que la prevención a una posible y futura depresión es desde la psicoeducación y desde la psicoterapia una vez que se instaló la misma y como modo de aprender a superarla y a prevenir una recaída como así también a que se instale la cronicidad de la misma.

Dentro de lo que es la psicoeducación, el mostrar que se puede luchar y aprender de lo nuevo y así lograr un sujeto que haya crecido en ésta circunstancia que en primera medida se presenta como negativa, pero que si se aprende a sacar de las fuerzas interiores lo mejor para superar ésta situación, para atravesarla, estará produciéndose una persona nueva, que habrá crecido emocional y psíquicamente y que para toda nueva ocasión podrá recurrir a éste aprendizaje y seguir creciendo en todos los aspectos de la personalidad, que le proveerá recursos preventivos para toda su salud, no solo la mental.

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