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Duelo Normal y Duelo Patológico

dueloEn el famoso y fundamental texto “Duelo y Melancolía”, Freud trata de llegar a una mejor comprensión de la melancolía (psicosis distímica) y, para ello, se vale de la comparación con el duelo normal (neurótico). Es decir que en la melancolía no sé da un duelo normal sino lo que llamamos “duelo patológico”. Pero también debe tenerse en cuenta que, aun en las personas normales (neuróticos), en algunos casos puede llegarse a dar un duelo patológico (como el de la melancolía).

A continuación veremos las diferencias más relevantes entre el duelo normal (neurótico) y el duelo patológico (generalmente de la melancolía).

Duelo normal:
Consideramos “duelo normal” al proceso normal que se produce luego de la pérdida real de un objeto amado. Este tipo de duelo no se considera patológico y pasado cierto tiempo se lo superará.Básicamente hay tres momentos cronológicos en este proceso: La negación, la ira y finalmente la aceptación.

En el primer momento (negación), la persona se niega a aceptar la pérdida. El objeto amado esta idealizado por el sujeto, quien ve a ese objeto como perfecto. Y ante la perdida del mismo se pregunta “¿qué voy a hacer ahora sin ese objeto amado?”.

En el segundo momento (ira), aparece el odio hacia ese objeto. El sujeto culpa al objeto por haberlo abandonado.

En el tercer momento, la persona empieza a aceptar que ya no tendrá a ese objeto. En el proceso de duelo, el examen de la realidad ha mostrado que el objeto amado no existe ya y demanda que la libido abandone todas sus relaciones con este objeto. Esto se va dando paulatinamente, con gran gasto de tiempo y de energía psíquica, continuando mientras tanto la existencia del objeto en lo psíquico.

Freud dice que, en este proceso, el sujeto (neurótico) necesita que los demás lo reubiquen narcisísticamente. Necesita de los otros para poder salir de esa situación de duelo. Y una vez que se reubica narcisísticamente, puede volver a elegir un nuevo objeto.

En resumen, el trabajo de duelo normal es la posibilidad de desprenderse del objeto para volver a elegir otro.

Duelo patológico:
Recordemos primeramente que Freud observó que no siempre ante la pérdida de un objeto amado el sujeto reacciona de modo normal, es decir mediante un proceso de duelo normal, sino que a veces se da lo que llamamos melancolía (o a veces un duelo melancolizado dentro de una neurosis).

Recordemos también que la melancolía surge:

  • A veces como una reacción ante la pérdida real de algún objeto amado
  • Otras veces ante una pérdida que es de naturaleza más ideal.
  • Y otras veces se desconoce qué es lo que se ha perdido.

En el duelo normal (a diferencia de la melancolía) no hay nada inconsciente en lo que atañe a la pérdida. En la melancolía, puede llegar a saberse a quién se perdió, pero se desconoce qué es lo que se perdió en él. Hay una pérdida de objeto que quedó sustraída de la conciencia.

Además, la gran diferencia que encontramos en la melancolía respecto del duelo, es que en ésta se observa una clara rebaja del sentimiento de sí, es decir que hay gran disminución del amor propio, gran empobrecimiento del Yo, autoreproche. El melancólico se hace reproches, se denigra y espera repulsión y castigo.

Una gran diferencia entre el proceso de duelo normal y el melancólico (duelo patológico) es que en el proceso melancólico aparece un vínculo ambivalente con el objeto. El cuadro de este delirio de insignificancia (predominantemente moral) se completa además con el insomnio, la repulsa del alimento y la falta de deseo de vivir.

Hemos notado que, las fallas que el melancólico se reprocha, poco tienen de cierto en él. Sin embargo esas fallas, esas faltas, esas características reprochables sí las hallaríamos en otro sujeto, en alguien a quien el enfermo ha amado o ama. Esto se debe a que: a diferencia del duelo normal, en la melancolía no se dio una sustracción de la libido del objeto para desplazarla sobre uno nuevo. En la melancolía, la libido fue atraída sobre el Yo. Hablamos de una fijación al narcisismo.

Se dio una identificación del Yo con ese objeto amado y perdido. Freud diría que “la sombra de ese objeto cayó así sobre el Yo” que, a partir de ese momento, pudo ser considerado como el objeto abandonado. Por eso el autoreproche, que en realidad sería un reproche dirigido al objeto (con el cual el Yo ahora se ha identificado). Todo eso rebajante que dicen de sí mismos, en el fondo lo estarían diciendo de ese otro perdido.

Esto nos hablaría de ambivalencia: por un lado se odia a ese objeto al que se reprocha, y por otro lado el Yo se ha identificado con él como una forma de defenderlo. Y este conflicto entre el amor y el odio hacia el Yo, se transforma cualitativamente en un conflicto entre el Yo y la conciencia moral (Super yo).

En la melancolía, la elección de objeto se realizó sobre una base narcisista, por ello es que la investidura de objeto puede regresar al narcisismo si se tropieza con dificultades. La disposición a contraer melancolía se remite al predominio del tipo narcisista de elección de objeto.

La identificación narcisista con el objeto se convierte en un sustituto de la carga erótica, a consecuencia de la cual no puede ser abandonada la relación erótica a pesar del conflicto con la persona amada. En resumen diremos que en la melancolía (psicosis distímica), el sujeto no puede elaborar duelos. Pero recordemos una vez más que, en ocasiones, un sujeto normal (neurótico) también puede hacer un duelo melancolizado (patológico).

En la melancolía se da una relación de ambivalencia, donde se enfrentan el odio y el amor: El odio pugna por quitar la libido del objeto y el amor pugna por salvar esa posición libidinal

Esta batalla se sitúa en el sistema inconsciente. Y tras la regresión de la libido, el proceso puede devenir consciente y se representa ante la conciencia como un conflicto entre una parte del Yo y una instancia crítica (Super yo).

Lic. Daniel A. Fernández – PSICÓLOGO
danalefernandez@yahoo.com.ar

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