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El Amor en los Tiempos de Jumanji

jumanjiSi una persona es consciente de que lo que busca es una relación comprometida, seria, con proyección a largo plazo, hay una falta que no debe aceptar en el otro y es justamente la “falta de compromiso de la otra parte.

Es bien sabido por todos los psicólogos que nos dedicamos a la clínica, que el motivo más común por el cual un paciente consulta suele ser algo inherente a la problemática de pareja. La búsqueda del amor, como una panacea, y los infinitos obstáculos que dificultan el encuentro, someten muchas veces al ser humano a un oscilar desgastante entre el deseo y un goce mortífero. Es cierto que esto no es algo representativo solo de esta época; ya las grandes obras literarias de todos los tiempos hallaban su eje dramático principal en las problemáticas del amor. Sin embargo, algo que en la actualidad sí parecería ser como un foco bastante común vinculado a dichas cuestiones, es el “no compromiso”.

Es decir que muchas personas ya no ven la necesidad de un vínculo estable y exclusivo sino que, por el contrario, parecen huir de esta posibilidad como quien escapa de un demonio. Los motivos por los cuales alguien quiere evadir el compromiso son tantos como personas hay y no está en mí abocarnos ahora a dicho punto. Sí, en cambio, nos centraremos justamente en lo que ocurre con aquella persona que apuesta al compromiso pero termina vinculada con quien no lo desea, razón por la cual la demanda de amor queda presa de un juego tan peligroso como el mismo Jumanji.

Para quienes no vieron la película cuyo título es “Jumanji” y que fue protagonizada hace algunos años por el actor Robin Williams, les mencionaré brevemente que en dicho film una pareja de adolescentes hallaba una caja que contenía un juego. Dicho juego se llamaba justamente “Jumanji” y era similar a un ludo pero con algunas variantes tan mágicas como amenazantes (variantes que al parecer también hallamos en las relaciones amorosas).

Cada vez que uno de los participantes arrojaba los dados, las piezas en el tablero se movían y se desataba alguna calamidad en el exterior que incluso hacía peligrar sus vidas. Luego el otro participante debía arrojar los dados y nuevamente ocurría otro desastre fantástico contra el cual debían luchar.

Pero había una regla, una fundamental, una imprescindible, y era que ninguno de los dos participantes podían dejar de arrojar los dados por temor a lo que fuera a ocurrir. Ambos participantes sabían que debían continuar el juego, que debían seguirlo hasta el final. Es decir que para que el juego funcionara debía existir el compromiso, pero no por parte de uno sino por parte de los dos. Y fue en esta película que la adolescente se asustó por lo que ocurrió cuando el joven tiró los dados, y tras esto ella no continuó el juego.

¿La consecuencia?
El joven se quedó atrapado por el juego durante muchos años, esperando que alguien volviera a jugarlo y así lo liberara.

No fue hasta aquí mi interés narrar toda una película de Hollywood sino, simplemente, mencionar algunos puntos de la misma para poder ilustrar de manera más gráfica lo que ocurre en algunas relaciones de pareja. Si hicimos una comparación en un comienzo entre el juego de la película y lo que ocurre con ciertas relaciones sentimentales, es porque en ambos casos la regla principal es la misma. Ya sea en el Jumanji o en la relación sentimental que se inicia, ambos participantes deben continuar el juego para que el otro no se quede atrapado, ambos deben querer el compromiso y no solo uno, ambos deben estar dispuestos a hacer la próxima jugada o, de lo contrario, alguno de los dos (quien sí se comprometió) habrá de perder irremisiblemente.

Si bien es cierto que en el terreno de las cuestiones amorosas, más allá de los ideales que tengamos, lo concreto es que lo ideal es siempre enemigo de lo posible. Y si bien también es cierto que lejos del mito de Aristófanes, quien nos hablaba de las almas que divididas en un origen luego buscaban reencontrarse para volver a ser una (a la versión moderna bien la podríamos llamar “teoría de la media naranja”), hoy es conveniente asumir que nadie es “exactamente” lo que uno buscó y uno no es nunca “exactamente” lo que el otro buscaba. Es decir que el otro jamás nos completará ni nosotros habremos de completar al otro, siempre habrá algo que no nos satisfaga por completo de ese otro y siempre habrá algo en nosotros que no dejará satisfecha a nuestra pareja.

Se trata entonces de asumir la falta, la del otro y la nuestra, y consecuentemente ver si la falta que posee ese otro es la que más aceptable nos resulta; ya el otro evaluará por sí mismo si nuestra falta también es la que más aceptable le resulta a él. Pero hay algo que no debe descuidarse y que tiene que ver con el deseo personal. Si una persona es consciente de que lo que busca es una relación comprometida, seria, con proyección a largo plazo, hay una falta que no debe aceptar en el otro y es justamente la “falta de compromiso de la otra parte”.

¿Por qué?
Porque al igual que en el Jumanji, si uno de los dos participantes no está decidido a continuar el juego y no arroja los dados, será su pareja quien padezca el castigo de quedar atrapada en una selva fantasmática que implicará posiblemente la necesidad posterior de un trabajo de duelo lento y doloroso. En resumen, si el objetivo de una persona es una relación comprometida, no debe jugar dicha relación con alguien que no comparta los mismos objetivos para luego pretender modificarlo.

Al igual que en la película que antes mencionamos, el costo de dicho intento es peligroso. Y en definitiva, tal vez, de lo que se trate sea solo de empezar simplemente a elegir jugadores más afines a nosotros, que comprendan y compartan las mismas reglas al jugar, que estén dispuestos a lanzar los dados y a enfrentar las distintas consecuencias a pesar del temor de no ganar el juego.

Lic. Daniel Alejandro Fernandez
Licenciado en Psicología
Colaborador de Centro Psicológico Compartir
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Tel.: (+54) (15) 6726-4676

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