La Crisis de la Mediana Edad, Entre los 40 y los 50 Años Reviewed by Momizat on . Aproximadamente entre los 40 y los 50 años es frecuente que aparezca lo que se ha dado en llamar la “crisis de la mediana edad”. En dicho momento se puede inten Aproximadamente entre los 40 y los 50 años es frecuente que aparezca lo que se ha dado en llamar la “crisis de la mediana edad”. En dicho momento se puede inten Rating: 0
Estas en: Home » Articulos » La Crisis de la Mediana Edad, Entre los 40 y los 50 Años

La Crisis de la Mediana Edad, Entre los 40 y los 50 Años

crisis de la mediana edadAproximadamente entre los 40 y los 50 años es frecuente que aparezca lo que se ha dado en llamar la “crisis de la mediana edad”. En dicho momento se puede intentar escapar de una realidad que no nos gusta, de ahí que los divorcios aumenten. A las mujeres se les agota el tiempo de ser madres y sueñan con bebés.

El reloj biológico señala que el tiempo de la fertilidad se acaba. Se llega a la madurez y aparece la necesidad de evaluar lo que tenemos y lo que queremos, lo que soñábamos en la adolescencia y lo que hemos conseguido en la madurez. Tenemos ante nosotros la segunda mitad de la vida. La primera ya la hemos recorrido. Comenzamos a sentir los límites del tiempo, y esto nos conduce a evaluar lo que hemos hecho y lo que queremos hacer. Según el psicoanalista Erik Erikson, en esta crisis el ser humano necesita aceptarse a sí mismo. Si lo consigue, la segunda mitad de su vida será creativa y placentera; en caso contrario, los problemas le provocarán una neurosis en la que los síntomas de la insatisfacción se llevarán gran parte de sus energías.

Esta crisis de la mediana edad es un proceso a lo largo del cual se produce un conflicto interno que hay que resolver. En este momento de la vida, la persona se enfrenta a sus viejas ilusiones para averiguar qué sucedió con lo que había soñado ser y lo que había imaginado que iba a hacer. ¿Qué síntomas son los más habituales? Los más comunes son: aburrimiento, ansiedad, depresión, aislamiento y una relación de pareja distante o llena de malestar. La crisis de la mediana edad se produce, según explican algunos expertos, porque hay que enfrentarse a la idea de que la muerte es inevitable, lo cual nos hace sentir un poco solos.

También es importante, aunque más no sea a modo informativo, recordar brevemente algunos de los basamentos biológicos en los que se apoyaría esta llamada crisis de la mediada edad. Para ello habremos de mencionar algunas características en el hombre y en la mujer. Respecto a la mujer, podemos decir que el fenómeno biológico que acompaña la crisis en estudio es conocido como menopausia. Aquí aparecen cambios endócrinos. El ovario deja de funcionar normalmente y las hormonas sexuales, sobre todo los estrógenos, decrecen. Fisiológicamente hay atrofia genital que dificulta las relaciones sexuales, inestabilidad vasomotora con sofocos y crisis de sudoración, atrofia de los senos y pérdida de la elasticidad en la piel. A diferencia de la menopausia femenina, que ocurre después de una repentina caída de los niveles de estrógenos, se cree que el cambio entre los hombres se debe a una pérdida gradual de la testosterona, la hormona sexual masculina más potente. En el hombre, a este proceso equivalente al de la menopausia femenina lo llamamos andropausia. La condición puede aparecer en cualquier momento, aunque es más común entre los 45 y 50 años.

Conjuntamente con los procesos antes mencionados, suele darse que en el ámbito familiar los hijos crecen, crean sus propias familias, ambos en la pareja están preocupados cada uno por su propia crisis de la mediana edad y, por si fuera poco, a veces a esto se le suma el convertirse en abuelos. Psicológicamente la mujer reacciona de diferentes maneras: pasiva resignada o hiperactiva contrarrestando las pérdidas. En lo sexual sin embargo, para la mujer pueden darse cambios favorables: desaparece el temor al embarazo, por lo que se puede disfrutar con mayor libertad de las relaciones sexuales. Y además los modernos tratamientos con uso de estrógenos sustitutos favorecen el bienestar general al disminuir problemas vasculares y las alteraciones genitales, elevando a veces también el estado de ánimo.

En un típico caso de hombre en plena crisis de edad media vemos que éste gradualmente pierde su ímpetu, fuerza, energía y entusiasmo para la vida y para el amor. El hombre de acción se ha convertido de repente en el hombre de la inacción. Un cansancio mental y físico que lo envuelve todo desciende sobre él, a menudo sin razón aparente. Él deja de ser una persona positiva y optimista para convertirse en un sujeto negativo, pesimista y depresivo. En la casa, las relaciones familiares tienden a volverse cada vez más restringidas, y la vida y actividades sociales menguan y se marchitan. Y a esto se le suma, en muchos casos, alteraciones sexuales que pueden llegar incluso a la impotencia. En una nota de la agencia periodística Europa Press, el doctor Malcolm Carruthers, que ha estudiado por 10 años el fenómeno de la andropausia, dice que ésta afecta más gravemente a los que vuelan más alto, al tipo de sujetos que “queman la vela por ambos extremos”, como se dice popularmente. Según este doctor, “la andropausia es considerada más predominante que hace 60 años, principalmente debido a los efectos del exceso de estrés, alcohol y otras variables de la presenta era”.

En los pasados tiempos de la modernidad, una mujer de 50 años debía conformarse con el retiro y una apacible vida como abuela protectora. Hoy en día esta situación se ha revertido bastante, en gran medida por el aumento de las perspectivas de vida. Por otra parte, frente a la realidad del aumento del desempleo masculino en el país, muchas mujeres debieron comenzar a “salir a la calle” para sostener económicamente a la familia, lo que provocó que muchas personas del sexo femenino empezaran a trabajar bien entrada la adultez. Y de igual modo, muchas otras mujeres han decidido empezar carreras universitarias o retomar estudios que habían delegado en el pasado por dedicarse a sus hijos, ahora grandes. Pero no todas las personas pueden reaccionar así ante una situación de crisis, y lo cierto es que a un gran número de personas estas crisis logran realmente abatirlas, mostrándolas en extremo deprimidas. Así, tienden a recordar constantemente sus fracasos, los aspectos negativos de su vida y se recrean en ellos, los agrandan, exageran y terminan proyectando esos hechos negativos (que pueden ser reales o no) hacia su vida futura. Debido a esto último terminan sintiendo gran temor por su futuro y les asusta cualquier proyecto nuevo. Piensan que volverán a fracasar. Y ante la posibilidad de volver a sufrir prefieren inhibirse, no participar, no ilusionarse. Se sienten, al final, incapaces de dirigir su propia vida.

A los individuos de mediana edad les asalta a menudo la duda de si acaso no deberían haber vivido su vida de una manera absolutamente distinta a como lo han hecho hasta hora. Y quizás aquí radique en gran parte el centro mismo del problema en estudio. Esto, claro, puede ser vivido como una apertura de posibilidades liberadoras, pero al mismo tiempo como una presión para que una y otra vez se busque el sentido a las nuevas realidades que asaltan la vida. Y tal vez entonces es ese sentido, ese que no se encuentra, el principal generador de crisis.

Por otro lado, de intentar echar una mirada hacia la mitad de vida ya recorrida y echar otra mirada hacia aquella otra mitad que aún nos aguarda, quizá caeríamos inevitablemente en la tarea penosa de comparar aquello que soñamos (con todo el idealismo adolescente) con lo que hoy hemos sabido conseguir. Y este hoy, eso que somos en la mediana edad, tal vez también tendría que ajustarse a los modelos exitosos imperantes (parecer 20 años menos, tener una suculenta cuenta bancaria, un cuerpo de gimnasio, quizás incluso fama, etc.). Y con tales modelos posmodernos imperantes, las posibilidades de salir airosos de un balance semejante no son muchas. Y ni hablar entonces si miramos hacia el futuro, si intentamos proyectarnos hacia el mañana, porque si en algo se caracteriza esta avasallante posmodernidad es en la ausencia de mañana. Sólo se vive el hoy, el aquí y ahora eternamente. Y el cuestionamiento que desata la gran crisis al llegar a la mitad de la vida, tal vez acontezca cuando uno repara en que sólo le queda, con suerte, otra mitad, y cuando entiende que no quiere vivir esa mitad siguiente de la misma manera. Pero el problema esta precisamente en eso: ¿Cómo vivirla entonces sin hacer un proyecto, dado que se vive en una era sin futuro? ¿Cómo hallar un sentido compatible con esta inconcebible posmodernidad?

Lic. Daniel A. Fernández – PSICÓLOGO
danalefernandez@yahoo.com.ar

Scroll to top
aluscreativos.com.ar