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Cuando el Miedo de Volverse a Enamorar es más Fuerte que el Temor a Seguir en Soledad

soledadQuienes somos psicoterapeutas tenemos una amplia experiencia en recibir en nuestra consulta a personas que por un motivo u otro en su relación de pareja, han vivido o viven dificultades que les llevan a sufrir, y éstas situaciones en muchos casos desencadenan situaciones por las cuales se sienten sobrepasados, superados, y por ello acuden a ayuda profesional, ya sea para poder “ver” esa realidad que se les presenta caótica, confusa, que les supera, y que les lleva a sufrir, por mucho cuando toman en cuenta que “no saben qué hacer” no “saben qué camino tomar” o porque su “pareja” ha decidido romper y esto se les ha presentado en su vida como una situación, en muchos casos inesperada, aunque hubiera habido situaciones que les mostraban una crisis, o una insatisfacción, o un desencuentro dentro de la relación, la toma de la determinación de su partenaire, les supera, les angustia, les sume en muchos casos en la desesperación, y por ello buscan la ayuda profesional para “poder” de alguna manera “volver a tomar la vida por el timón”.

Éstas situaciones, ésta vivencia, ésta experiencia, MARCA de distintas formas a las personas, hay quienes hacen una psicoterapia de “apoyo” o más profunda aún, “elaboran el duelo de la pareja escindida, perdida” y continúan con su vida, incorporando ésta vivencia de su “fracaso en la relación” como una situación que fue vivida, que puede tomar de ella la experiencia, y el aprendizaje por el que toda relación pasa y deja en quien quiere “crecer” con ese desencuentro, para que en la próxima oportunidad de su vida, cuando nuevamente elija a ese otro compañero, esa otra compañera, pueda hacerlo desde un aprendizaje y desde una experiencia incorporada que le llevará a no “volver a repetir la historia” tanto desde el punto de la elección, como desde el considerar el modo en que puso su vivencia para el desarrollo de la relación de pareja que se truncó.

Ocurre siempre que quienes pasan por una desavenencia amorosa, quienes sienten que se frustran luego de una relación que se rompió, sufren y mucho por esto; no sólo al romperse la misma, sino durante todo ese proceso previo, y más aún, hay quienes sus inseguridades, sus celos, el modo en que se desarrolla la relación, lo que cada uno aporta a la misma, hace sufrir, le hace sufrir a uno o a ambos miembros, luego de la cual, y al finalizar ésta, ya sea porque no se “elaboró el duelo”, ya sea porque no se “aprendió” de esa experiencia, porque la persona no supo o no pudo y tampoco buscó ayuda profesional, y por ello se ha “estancado” en su interior, en su subjetividad, y ha “incorporado” para sí el concepto consciente e inconsciente de que ese sufrimiento previo, no desea, no quiere, no puede “volverlo a experimentar”, como si fuera posible “volver a vivir la historia”, “volver a hacer presente algo que ya fue” y sin embargo han incorporado tanto dolor, asocian dolor con relación, con pareja, con VOLVERSE A ENAMORAR!

Y al hacerlo, al TEMER volver a enamorarse, a instaurar una nueva relación, con otra persona distinta, diferente, se va “boicoteando” por la vida, y siempre encuentra “motivos”, “excusas”, “formas”, “modos”, “maneras” de “VER” a ese otro posible candidato, candidata a ser su nueva “pareja” o “relación”, y proyectan sobre ésta todos sus miedos, sus temores, dándoles visos certeros de que si comienzan una nueva relación, todo lo anterior que se dio con esa persona de su historia previa, se volverá a producir, se volverá a dar y con ello nuevamente el sufrimiento, por el que de ninguna manera quiere volver a transitar.

PERO hay algo de cierto, algo de sabio en lo que se teme; porque cuando en una pareja se dan determinados modos y formas que no son equilibrados, que no son maduros, son ambos miembros que ponen lo que de sí tienen para aportar, no es uno sólo de los miembros, sino ambos; porque es desde el comienzo de la relación, desde el instante mismo de la más primigenia “elección” que hiciera cada uno de los miembros de la pareja, fue hecha esa elección en base a su más profundo y subjetivo modo de ser.

Si es una persona equilibrada, sana, madura, su elección será de éste tenor y consecuentemente la pareja será y crecerá con madurez, por el contrario, si cada integrante tiene mucho de sí para resolver, para elaborar, para madurar; elegirá a alguien con “fallas” que sin duda alguna luego le conducirá, y le “ayudará” a lograr esa pareja con desavenencias, con inmadurez, con falta de equilibrio y que no pueda como “ENTIDAD” crecer, como institución precursora de la familia que sin dudas para ser y brindar equilibrio, madurez, y salud psíquica, emocional y social antes deberás como pareja haber podido desarrollarse de un modo equilibrado y pleno; porque desde su subjetividad, ambos miembros pudieron y supieron crecer en su individualidad, para luego volver esto a la pareja, y ambos a la familia que están formando.

QUÉ quiero decir con esto, que si las personas no son lo suficientemente sanas, maduras, equilibradas en una medida “ideal” no tienen la posibilidad de crecer en pareja y luego de ser felices y sostener una familia sana?, NO, no quiero decir esto, SÍ, que si hay dificultades o inconvenientes y que se muestran cuando ambos miembros de la pareja se unen, éstas dificultades o modos de ser que los muestran como inmaduros o como sujetos que necesitan crecer, madurar, fortalecerse, SI son lo suficientemente inteligente, van a poder en ese momento buscar ayuda y luego superar la situación, crecer desde lo subjetivo, para éste crecimiento luego volcarlo a la relación, y consecuentemente lograr una vida equilibrada, plena, amorosa, y satisfactoria para ambos, evitando así una separación, o una vida de sufrimientos.

ENTONCES volviendo a cuando las personas han sufrido y mucho dentro de su relación, o como consecuencia de una ruptura, es muy posible que éste sufrir, les incapacite para VOLVERSE A ENAMORAR, para volver a “jugarse” en una nueva relación de compromiso, y a que sus pensamientos, sus reflexiones le lleven a “subjetivamente convencerse” de que la única manera de NO SUFRIR: es estar solo, estar sola.

TODO LO CONTRARIO, no es así, cuando una persona luego de una ruptura, de una separación, de sufrir por una relación amorosa, ELABORA dentro de un espacio psicoterapéutico esa problemática, puede VER aquello que de sí, fue lo que aportó para que esa pareja de la que formaba parte no tuviera el crecimiento adecuado o esperado, y todo lo contrario, fracasara.  Al “hacerse cargo” de lo de suyo que “sirvió” negativamente, lo que logra es modificar en su persona, ésta manera o modo de ser, que si lo sigue teniendo, si lo sigue manifestando, volverá a producirle dolor, tanto a sí mismo, como a la relación y a esa persona que elija; se seguirá “equivocando” no conscientemente, sino inconscientemente en esa elección, porque desde su “imposibilidad” no podrá elegir a alguien con quien ser feliz, sino todo lo contrario, volverá a ser infeliz, volverá a “repetir la historia inmadura y de sufrimiento”.

Es necesario que la persona sepa que no sólo debe hacerse cargo de aquello que es necesario modificar, cambiar, positivamente en su vida, en su personalidad, en su psiquis, le va a permitir lograr un equilibrio personal que le permitirá luego una elección que será aquella que le hará feliz, porque al crecer “subjetivamente”, al madurar, lo que hace es alcanzar una plenitud, que le llevará a elegir a alguien que tenga también ese equilibrio, esa madurez, elementos insustituibles para construir una relación de pareja equilibrada y plena.

Por ello si eres alguien que te vez reflejada, reflejado en mis palabras, en el sentido de “ya no me enamoro más” debes saber que si buscas ayuda terapéutica, con la ayuda de un profesional experimentado lograrás el equilibrio en tu persona que te conducirá a la felicidad.

Lic. Cristina Heinzmann.
Psicóloga Clínica – Hipnólogo Clínico – Psicoterapeuta
DIRECTORA Centro Psicológico Compartir
CREADORA MétodoHeinzmann de HIPNOSIS Terapéutica

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