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Quien Padece de Agorafobia Realmente Sufre y Mucho

agorafobia4Quien padece de esta enfermedad es alguien que realmente sufre y mucho ante la sola posibilidad de estar en lugares a los cuales teme ir debido a la intensa sensación de temor que le produce de que pueda no salir, o no poder alejarse cuando lo desee, o que sus síntomas concomitantes con la enfermedad se presenten y no saber qué hacer en ese momento, por lo que generalmente siempre van acompañados de algún familiar que sabe de su situación, o alguien muy cercano que les de la seguridad de poder apoyarse en ellos de sentir la necesidad irrefrenable de alejarse del lugar o de en el caso de presentarse los síntomas panicosos poder estar y sentirse contenido/a y acompañado/a.

Éste temor lo sienten ante lugares físicos, ante medios de transporte como trenes, aviones, autos, etc. Como sólo su casa es segura y no le ofrece temor, es ante el sólo alejamiento de la misma que sus síntomas se presentan, a veces es el temor de que se presenten lo que les impide el alejamiento (temor anticipatorio).

Recuerdo a un joven paciente Jorgito, cuando se presenta a la consulta tiene sólo 18 años y desde hace ya 6 reconoce la presencia de su padecer, de su agorafobia.

Cuando me consulta su enfermedad lo ha recluido en su casa, no sale para nada, ni frecuenta a amigos y/o compañeros de quienes se ha ido alejando por motivos de su padecer, y en la actualidad no tiene contacto con ellos “pues al ir alejándome y no contarles lo que me pasaba, luego fueron alejándose ellos, no me invitaban más y así me quedé solo”.

Jorgito es un segundo hijo de un matrimonio de característica patriarcal, en donde se ve claramente la fuerte influencia y personalidad del padre como así también la personalidad sumisa y temerosa de la madre.  Cuando comienza el tratamiento cognitivo. conductual más la técnica de la hipnosis, el joven comienza a tener imágenes de momentos en su infancia en que ya se manifestaban los síntomas ansiógenos y fóbicos, tales como no querer ir al colegio en la primera etapa en que a los 3, 4 y 5 años no aceptaba el alejarse  de su madre cuando ésta le llevaba al colegio y seguir sin aceptar la separación de la misma hasta ya los primeros años de la primaria en que “debió ponerse firme mi padre” y así pasó a aceptar el ir pero fue el temor al padre lo que le llevó a superar el temor de alejarse de la mamá(todo esto dicho por el paciente en sesión).  Es posible que si hubiera habido por ese entonces un tratamiento psicológico, se hubiera fortalecido en su personalidad y no  se hubiera producido tanto sufrimiento posterior que luego se transformaría posiblemente en ésta agorafobia con ataques de pánico que por cierto lo llevan a permanecer enclaustrado en su casa, porque lo inhabilitan socialmente.

Evidentemente Jorgito tenía ya una predisposición a padecer ésta enfermedad, ésta predisposición estaba dada en su temperamento débil, temeroso, su familia bastante disfuncional no podía darse cuenta y hacer para fortalecerlo, en lugar de incidir con malos tratos y evidentes castigos tanto físicos como verbales en la búsqueda del logro de su fortaleza, pero no pudieron  notar que en lugar de hacer de él “un hombre fuerte” lo fueron recluyendo en “una cárcel del hoy” pero que fuera para él en sus años infantiles el lugar de contención y seguridad.  Ahora Jorgito quiere dejar la “cárcel” pero sólo no puede, se le hace imposible.  Sólo con ayuda de un profesional podrá hacerlo, pero también si pone de su parte y lucha para no sucumbir a esa incorporada como buena, contenedora, segura y positiva imagen que le devuelve su “hogar de la infancia”.

El presente es uno de los tantos miles de casos de personas que padecen ésta enfermedad y que realmente cuando como profesional de la salud mental me llegan al consultorio no puede menos que golpearme ese sufrimiento que transmite quien ha sido tomado por la misma y en mayor o menor medida sucumbe a ella.

También está decir que no padece de agorafobia quien quiere, sino quien puede, porque así como narro en ésta historia, si en ese hogar, si en esa familia se detectar los temores fóbicos de un infante, se los atiende, se los respeta y se hace un seguimiento, una atención, una educación de los padres como modo de erradicar el temor, de aliviar el sufrimiento del niño y mostrarle cualquiera de los caminos que le lleve a dejar de temer, seguramente éste en algún momento enfrentará sus miedos y podrá transitar por una infancia y adolescencia en la cual esté preparado para las distintas circunstancias que se le presenten y le permitan probarse ante las mismas, fortalecerse y sentirse acompañado y guiado, de modo que si hay temor enfrentarlo, esperar que éste desaparezca y si no es así, entonces buscar la ayuda profesional cuando los adultos responsables de ese niño creen o temen no poder ayudar a ese niño, de esa manera éste está viendo una presencia, una atención, una protección que va más allá de lo esperable y que sirve para que sus temores se reduzcan hasta los límites lógicos y sanos.

Porque es tanto el sufrimiento del agorafóbico/a que es precisamente por esto que se limita en todas sus acciones, tanto que llega a estar incapacitado para realizarlas si para ello es menester el frecuentar lugares que no sean su casa, su hogar.  Los síntomas que produce el pánico son tan parecidos a una real dolencia física que es común que sea asistido por especialistas, hasta que con la reiteración del diagnóstico de que “no tiene nada, son nervios” y similares toma conciencia tanto el enfermo como su familia de que el padecimiento es psicológico.  En el caso puntual de Jorgito él pasó por todas las etapas, desde el pensar que se moría, hasta sentir el síntoma de despersonalización, que le llevó a creer que estaba “loco”, como el de sentir la mirada de todos cuando salía de su casa, hasta que cuando esa sensación llegaba a un punto de intolerable comenzaba a llorar a gritos hasta que sus familiares lo traían de nuevo a casa.

La agorafobia tiene cura, las técnicas metodológicas más recomendables en la actualidad son las cognitivo. Conductuales. En mi caso aplico además la hipnosis terapéutica, pues he comprobado que me sirve para dar una respuesta en un tiempo menor que sin hipnosis, y como tengo un compromiso fundamental con la salud y la vida de mi paciente, es que la aplico pues sé que el resultado en un tiempo menor le llevará a vivir una vida plena en un tiempo menor y por ende es lo que el paciente también quiere.

Lic.Cristina Heinzmann
Psicóloga-Terapeuta
Centro Psicológico Compartir
Psicoterapia en Línea
www.centrocompartir.org

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