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Miedo al Dentista

articulodentistaMiedo al dentista, pánico al dentista, temor al dentista

 Y podemos seguir buscando infinidad de sinónimos que no hacen sino presentificarnos lo que significa para casi todos nosotros el hecho de necesitar en algún momento de nuestra vida ir al consultorio del odontólogo.

Y es un temor que lo podemos rastrear ya desde los comienzos de la historia, y aún desde antes de que la odontología existiera. No son pocos los relatos que podemos ver en novelas, e historias del pasado, o en películas que recrean situaciones anteriores de la historia, en donde se muestra al clásico “sacamuelas”, que era generalmente alguien que de alguna manera tenía relación con la salud, ya sea porque vendía alguna poción para determinada afección, y además se ocupaba con un par de “tenazas” de extraer de la dolorida boca de quien sufría del clásico “dolor de muelas” la pieza dentaria productora del sufrimiento.

También y en ese mismo tiempo histórico eran los barberos quienes se ocupaban de extraer el diente o muela para que dejara de doler, por supuesto que no hace falta mucha imaginación para darnos cuenta de que era una operación cruenta, dolorosa, sin anestesia indudablemente, y que fue instaurando en la psiquis colectiva ésta imagen previamente descripta y muy sádicamente realizada en la práctica, vivenciada por quien la padecía como un verdadero acto de tortura y carente de toda compasión.

Entonces esto que la sociedad fue vivenciando como la natural práctica a que debía ser sometida toda persona que tuviera un dolor en la boca producido por las piezas dentarias que tenían alguna afección, hizo que fuera asociado psíquicamente al dentista desde épocas inmemoriales como un recurso que nadie quería tomar, y vivenciado con terror, pánico, asociación al dolor, la falta de compasión y la práctica sádica ante el sufrimiento.

Es indudable que esto influye en cada persona a la hora de ir al dentista, pues ha sido por centurias y transmitido de generación en generación esa vivencia y apreciación respecto a la práctica odontológica, y si bien en la actualidad son muchos los recursos que tiene la Odontología para disminuir el dolor y para hacer más placentera la visita del paciente al consultorio, son muy pocas las personas tanto niños, jóvenes, adultos y personas mayores que deben luchar y no poco en la aprehensión que sienten ante la sola posibilidad de sentir el dolor, que anticipadamente está haciendo padecer de temor, fobiapánico, y terror a ir al dentista.

Actualmente han cambiado mucho las técnicas que son utilizadas en el consultorio odontológico, desde la música relajante, enseñarle al paciente a relajarse, cuando es un niño el paciente se le va dando tiempo hasta que se llega al “tiempo de ese niño”, en que el profesional entiende que ha vencido su miedo, y eso a veces es luego de haber visitado el consultorio varias veces, y recién ahí el dentista procede a hacer su práctica. Pues se ha comprobado que ésta nueva generación de jóvenes, que cuando niños fueron siendo guiados por éstos profesionales que tuvieron en cuenta su psiquis, en cuanto a hacer una proyección en el tiempo, de modo que en el futuro se pudiera revertir ese ancestral temor intrapsíquicamente incorporado en lo individual y en lo social transmitido, y que si era tomado en cuenta preventivamente en el consultorio, seguramente luego y en su adultez, podría ir al odontólogo sin temor y por ende transmitir a sus descendientes esa falta de miedo y natural seguridad en su visita al dentista.

Indudablemente esto dio sus frutos, hoy es común que los padres envíen a sus hijos ya en la segunda consulta solos al dentista, y éstos aún debiendo someterse a un tratamiento que lleva varias visitas al médico, van solos, o son dejados en la puerta del consultorio por sus mayores, no sintiendo el niño ningún temor o aprehensión como otrora sentían sus mayores.

Entonces hoy hay muchos cambios a la hora de recurrir al odontólogo, la prevención por ejemplo es muy significativa, la musicoterapia, técnicas de relajación, y cuando ya hay una pieza dentaria que está afectada, cuando ya hay dolor se está utilizando muy comúnmente la Hipnosis para el Tratamiento del Dolor, la desensibilización, una mayor comprensión de parte de los profesionales hacia sus pacientes y respeto hacia éstos, pues pueden darse cuenta de que lo que siente el paciente es algo que no está sobreactuado, sino que es irracional su temor y debe ser enfrentado de una manera comprensiva y no tratando de convencer y ya desde su apreciación y no desde la del paciente “que su temor no tiene sentido” (práctica muy común y hasta no hace mucho tiempo).

Entonces en esto se prepara al odontólogo para que pueda manejar éstas situaciones, en donde el buen diálogo y escuchar al paciente hacen mucho para solucionar la dificultad, como así también el saber derivar al mismo si encuentran dificultoso el tratamiento cuando el paciente realmente no puede hacer frente al temor, y se siente realmente imposibilitado por esto, en éstos casos el dentista debiera derivarlo al psicólogo/a para que así pueda superar su miedo.

¿Pero realmente qué es lo que pasa además con la psicología de ese dolor, y con lo que el dolor en la boca le produce al paciente desde lo psíquico?
Decía entonces que la visita al dentista provoca en el paciente emociones tales como intensa tensión, siente un miedo o temor concreto, deseo de huir del consultorio (fobia), también suele sentir náuseas, ansiedad, etc. Y todas éstas molestas sensaciones no son sino la respuesta al temor que despierta la visita al odontólogo, y que en muchos casos llega a impedir que la persona concilie el sueño la noche anterior, entonces consecuentemente además el día de la visita al médico se encuentra generalmente sintiéndose cansado, de mal humor, queriendo conscientemente suspender ese turno pautado previamente.

Aquí me voy a detener a hacer un acercamiento desde lo que dice el Psicoanálisis y es que la visita al dentista nos lleva a una “regresión” a anteriores etapas de la vida, a las etapas del desarrollo psíquico en donde fueron posibles los vínculos parentales que quedaron como improntas en su psiquis y que a la hora de la relación médico.

Paciente éste no hace sino revivir aquellos vínculos primitivos, reactualizándolos y por ende toda su vivencia o historia si queremos llamarla así, infantil. Es bien sabido que el niño es común que sienta distintas fobias en su infancia, que luego supera tales como temor a contagiarse, al dolor (en el consultorio del odontólogo el paciente sin darse cuenta revive aquellas vivencias infantiles), aunque no discrimina esto y siente que todo lo que aparece en su estado particular de incomodidad está relacionado específicamente con lo que vivencia en el hoy, con su dolor en el hoy, con la particular incomodidad que siente en éste momento de su existencia ante la visita al dentista.

Y sumado a lo anterior está lo que nosotros los terapeutas llamamos “beneficio secundario del síntoma” y en éste caso sería que junto a todo lo que revive ese adulto hoy en cuanto a lo negativo, también está que además del dolor y la molestia, cuando niño recibía al estar enfermo todo el cariño, cuidado y mimos de su mamá o persona afectiva que estaba a su cuidado.

Y ya dejando de hacer una mirada hacia las causas concretas inconscientes y sus consecuencias con el temor y ansiedad que despiertan en el paciente la visita al odontólogo, hay una consideración más que hacer y es que ese sentimiento, emoción o aprehensión tienen una importante incidencia a la hora de considerar que muchas son las personas que ante éste sentir, dejan que pase el tiempo, y no recurren al odontólogo en forma preventiva, y ni siquiera ante los primeros síntomas, sino sólo cuando el dolor agudo ya les impide dejar de asistir, en donde el temor deja paso al dolor y a éste sí lo debe atender.

Una mirada conductual al considerar ésta problemática:
Desde lo conductual podemos decir que ésta ansiedad y miedo son patrones aprendidos de comportamiento, y son desadaptativos: éstos pueden estar causados por una conducta aprendida en la familia, en el ejemplo concreto del párrafo anterior, si éste adulto sólo fue a la consulta odontológica ante el dolor y nunca antes tuvo una conducta preventiva, el hijo o hija copian, aprenden éste patrón de conducta miedosa y luego ante la visita al odontólogo sentirá miedo, ansiedad.

También se ha podido comprobar que cuando las personas padecen de una enfermedad crónica o grave, no manifiestan ansiedad prácticamente, ello se debe a que toda su ansiedad la desplazan al significado que tiene o le dan a su enfermedad y no a la visita dental.

En la actualidad es tomado ésta dificultad o problemática que se presenta en el consultorio por los Odontólogos como una dificultad concreta a considerar y es por eso que se capacitan incorporando esa variable como un elemento más dentro de su material de formación y especialización.

Por ejemplo, es común que tomen cursos en donde aprenden a tratar con los pacientes, a considerarlos completamente, tomando en cuenta su particular fobia, a hacer una entrevista completa, una anamnesis en donde conocen datos del paciente y de su historia de vida, de sus miedos, de su historia familiar respecto a las conductas de reacción ante el dentista, prevención, tratamiento odontológico, etc.

También es común que cuando niños se incentive a los papás a que antes de que aparezcan las dificultades dentarias, éstos vayan incorporando en la vida del niño la visita al odontólogo, el aprender a conocer el consultorio y los distintos objetos con los cuales el médico trabaja, a conocerlo, visitarlo y aprender así a incorporar la visita odontológica como un elemento más en su vida, se tienen estudios de que cuando se ha actuado de esa manera con niños en el pasado, en el hoy que son adultos, no experimentan ninguna molestia cuando van al dentista y además desarrollan una actitud totalmente preventiva ante su salud dental.

Pues la ansiedad que provoca la visita al dentista, como toda otra ansiedad producida por distintos estímulos, es un complejo patrón de conducta asociado a una activación fisiológica, y que es una respuesta a estímulos tanto cognitivos o somáticos (estímulos internos) y externos (ambientales), y que pueden estar presentes antes y durante la consulta odontológica y si bien generalmente no se identifican esos estímulos, son los que producen la ansiedad o el pánico en la precisa situación asistencial.

Aquí me parece interesante hacer una distinción entre ésta ansiedad que surge en el paciente, inconsciente, anticipatoria y no posible de controlar y el miedo al dentista, que se da en forma concreta y posible de discriminar.

La Ansiedad Dental, es una conducta anticipatoria y que el paciente siente como aversiva al tratamiento en sí, y antes de la consulta. En cambio el Miedo Dental, es en el momento del tratamiento, contemporánea a éste.

La Ansiedad Dental es generalizada, y es evocada por todo lo que significa el tratamiento odontológico en sí, en cambio el Miedo Dental es discriminatorio, “siento miedo al sonido del torno”, “al pinchazo de la aguja”, etc. Algo que surge concretamente en momentos del tratamiento odontológico, pero que no impide el mismo, en cambio la Ansiedad Dental puede evitar no solo el tratamiento, sino el cuidado completo bucal por el profesional porque impide que la persona se trate como debiera con la asistencia correcta.

Entonces y para que quede claro cuando la persona manifiesta ansiedad dental, ésta es generalizada y va a evitar el tratamiento, en cambio en el miedo dental la persona quiere escapar del tratamiento, va a intentar irse del consultorio, tomar la mano del odontólogo impidiendo su trabajo, u obstaculizar de cualquier modo la intervención.

Entonces y ya para finalizar y teniendo en cuenta que la boca es el lugar de entrada de todo tipo de estímulos, y en donde se encuentran los dientes que son los portadores de la mejor o peor sonrisa, resulta innecesario decir que es absolutamente imprescindible el asistir al tratamiento odontológico cuando es necesario, pero lo óptimo en esto es hacer la prevención, ya desde la higiene personal, y haciendo así mismo la visita periódica al odontólogo para evitar perder material dentario, como así también para que todo el organismo en general no reciba como consecuencia de la mala salud bucal, afecciones que lo dañan.

Y cuando la ansiedad dental, o la fobia dental, como así también el dolor ya están instalados, puede ser muy importante que ante esto y debido a que no es posible para el paciente superarlos solo, o porque el odontólogo encuentra que necesita la ayuda de otro profesional para así resolver la conducta evitativa del paciente, es positivo que haga la correspondiente derivación al psicólogo especialista, y sobre todo cuando éste sabe aplicar la hipnosis clínica, pues con ésta , en una o pocas sesiones los síntomas se remiten totalmente. Igualmente ante el tratamiento del dolor agudo, en que la hipnosis tiene un efecto inmediato.

Y por último cito aquí a Hahnemann cuando con éstas sabias palabras dice: “Abordando el tema médicos y odontólogos, trabajando cada uno desde su lugar y priorizando el cuidado amoroso, el respeto y el compromiso hacia el hombre que sufre, podremos estimular en él la toma de conciencia de la importancia de su curación, que en el mejor de los casos será la prevención y con ello en definitiva, estaremos más cerca de alcanzar, los altos fines de la existencia”

Lic. CRISTINA HEINZMANN
Psicóloga Clínica – Hipnólogo Clínico
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