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¿Por Qué el 25 de Noviembre?

25-noviembreSe conmemora el día de la no violencia contra la mujer porque en un día como éste, pero de 1960, fueron torturadas y asesinadas las hermanas Mirabal por la dictadura de Rafael Trujillo en la República Dominicana. Este hecho, que desencadenó después la caída del régimen, marcó un hito para que saliera a la luz esta grave situación.

Los expertos internacionales dicen que una de cada tres mujeres en el mundo es maltratada o violentada al menos una vez en su vida y especialistas del Consejo de Europa sostienen que se trata de la primera causa de muerte e invalidez permanente entre las mujeres de 16 a 44 años. La misma que provoca más víctimas fatales que el cáncer, los accidentes de tránsito y la guerra. Sin embargo, en la Argentina –pionera en la puesta en marcha de un posgrado de especialización en el tema- todavía no se conoce la magnitud del flagelo (no hay cifras que lo puedan manifestar, aunque se conoce que la violencia familiar está instalada en todos los estratos sociales).

García Muñoz: “Hay que hacer un esfuerzo para verlo como un problema endémico de violación a los Derechos Humanos. No es una cuestión privada, es una cuestión de salud y de seguridad públicas”

La violencia basada en el género o “violencia contra las mujeres” abarca muchos tipos de comportamientos físicos, emocionales y sexuales nocivos para las mujeres y las niñas, que son practicados con más frecuencia por miembros de la familia, pero a veces también por extraños. La Declaración de las Naciones Unidas sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer incluye la siguiente definición, hoy ampliamente aceptada, de este tipo de violencia:

todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada.
(Asamblea General de las Naciones Unidas, 1993)
Esta definición sitúa la violencia contra las mujeres en el contexto de la desigualdad relacionada con el género como actos que las mujeres sufren a causa de su posición social subordinada con respecto a los hombres.

Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en América, una de cada tres mujeres es víctima de la violencia. El 33% reporta haber sufrido abuso sexual y el 45%, amenazas por parte de sus parejas….

Si tomamos en cuenta las cifras siempre éstas son relativas, pues pueden revelar no un mayor incremento de la violencia doméstica, o de la violencia hacia la mujer, sino que en ese país o región hay una mejor toma de datos y mayor estadísticas que en otros estados, en que la violencia está pero no se muestra por éste inconveniente.

Cuando nosotros quienes trabajamos en el ámbito de la salud, y somos los receptores de casos en donde hay violencia entre la pareja, detectamos la situación, siempre hay un denominador común y el es “desbalance de poder entre el hombre y la mujer, entre los dos sexos” pues si bien también existe la violencia desde la mujer hacia el hombre, y también entre miembros de la pareja gay o lesbiana, el porcentaje de la violencia desde el hombre hacia la mujer es absolutamente mayor. Y esto se da porque “Los hombres descargan su frustración con las mujeres que viven distintos niveles de subordinación” Elsa Gómez, jefa de la Unidad de Género y Salud de la OPS (La OPS fue establecida en 1902 y es la organización de salud pública más antigua del mundo. Es la Oficina Regional para las Américas de la Organización Mundial de la Salud y trabaja con los países para mejorar la salud y elevar la calidad de vida de sus habitantes).

También en éste flagelo de la violencia se deben derribar mitos acerca de que ésta existe solamente en los estratos más pobres de la población, porque esto no es así, existe la violencia hacia la mujer entre todas las capas sociales, sí se pueden detectar que hay, aunque no totalmente, pero sí diferencia de matices en cuanto a que en los estratos sociales más altos hay una mayor violencia psicológica, en cambio en los estratos más pobres la violencia física es superior.

Porque la violencia contra las mujeres comprende tal y como lo estableciera la Convención de Belém do Pará en 1994 “cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado”. Esta definición incluye acciones dentro o fuera del hogar de una mujer y el perpetrador puede ser su esposo o compañero, pero también un extraño.

Ahora voy a referirme especialmente a porqué quienes estamos en contacto o recibimos a víctimas de la violencia de género decimos que éste es un problema de salud, y esto es debido a que cada vez hay un mayor acuerdo en que ésta violencia se asocia por las secuelas que deja a riesgos y dificultades para “la salud reproductiva, enfermedades crónicas, consecuencias psicológicas y muerte”.

La violencia contra la mujer deja:
Efectos mortales:  homicidio, suicidio, mortalidad materna.
Efectos relacionados con el Sida.
Efectos en la Salud Física: lesiones, alteraciones funcionales, síntomas físicos, salud subjetivamente deficiente, discapacidad permanente, obesidad severa.
Trastornos Crónicos: síndromes dolorosos crónicos, síndrome del intestino irritable, trastornos gastrointestinales, fibromialgia.
Salud Mental: estrés postraumático, depresión, angustia, fobias/y estados de pánico,
Trastornos de la alimentación, disfunción sexual, escasa autoestima, abuso de sustancias psicotrópicas.
Efectos no mortales, Comportamientos negativos para la Salud: tabaquismo, abuso de alcohol y de drogas, comportamientos sexuales arriesgados, inactividad física, comer en exceso.
Efectos sobre la Salud Reproductiva: embarazos no deseados, ITS/VHI, trastornos ginecológicos, abortos peligrosos, complicaciones en el embarazo, abortos, bajo peso al nacer, enfermedad inflamatoria.

Y son precisamente las mujeres quienes consultan sobre problemas en su salud, y si bien muchas veces o casi nunca mencionan la violencia recibida, sí consultan, por eso es sumamente importante que tanto médicos como enfermeras psicólogos, paramédicos y todo aquel que está en los servicios de salud aprendan a detectar cuando se trata de un caso de maltrato, y en esto es fundamental que adopten un especial trato de calidez y contención, así como el preguntar sin temor a quien consulta sobre lo que siente el efector de salud que debe preguntarle a esa persona que tiene en su consultorio, y también debe tomar conciencia de que si éste trato es cálido, respetuoso y de contención, seguramente la víctima sentirá esto y podrá narrar lo que le ocurre, la vivencia que padece.
Ya que los efectos de la violencia si bien pueden notarse en el efecto sobre el físico, es sobre el efecto psíquico en donde es desbastador, y esto se extiende también sobre los cuidados que deja de brindar la víctima sobre sus hijos cuando su psiquis está afectada por el daño ocasionado en ella por efectos de esa violencia que recibe. El maltrato hace que su psiquis tenga menos resistencia y también se haga vulnerable a otros problemas psicológicos como el estrés postraumático y a veces puede llegar hasta cometer suicidio.

Cuando consideramos el tema de la violencia contra la mujer, siempre hay que tener en cuenta que se trata de un tema complejo, de un problema complejo que como tal no debe ni puede ser atribuido a una sola causal. Desde ya hay factores que son de riesgo tal y como el abuso de las drogas, el abuso del alcohol, la pobreza, la historia de éstas mujeres que si cuando niñas han presenciado o sufrido violencia en su niñez, luego esto incide en que no puedan, no se den cuenta de la verdadera gravedad de la violencia que están recibiendo cuando jóvenes o adultas, por ejemplo. Pero además de esto en lo particularmente subjetivo de la mujer víctima de la violencia están otros factores tales como lo social, lo económico, lo psicológico (falta de autoestima, por ej.), lo cultural, lo biológico, etc., etc.

Aquí quiero mostrar un cuadro que me pareció interesante para así poder darnos cuenta de cuánto inciden éstos factores en la personalidad del violento o golpeador (observar también lo significativo de haber sufrido o presenciado abusos durante su infancia).

Sociedad:
•Normas que otorgan a los hombres el control sobre el comportamiento de las mujeres.
•Aceptación de la violencia como una forma de resolver los conflictos.
•Idea de masculinidad vinculada con la dominación, el honor o la agresión
•Papeles rígidos para cada sexo

Comunidad:
•Pobreza, posición socioeconómica baja, desempleo
•Asociación con compañeros delincuentes
•Aislamiento de las mujeres y de familia

Relaciones:
•Conflictos Conyugales
•El varón controla el patrimonio y la toma de decisiones en la familia

Agresor Individual:
•Ser varón
•Presenciar violencia conyugal durante la niñez
•Padre ausente o que lo rechaza
•Sufrir abusos durante la niñez
•Consumo de alcohol

Algunas consideraciones importantes:
Siempre en el uso de la violencia que ejerce el hombre hacia la mujer hay un abuso de poder, el que existe en esa relación hombre-mujer y ésta puede ser de índole física, psíquica, económica, etc. Y nos está mostrando que hay la existencia de un arriba-abajo en esa relación.

Cuando la conducta violenta se hace como modo de resolver algún conflicto en esa relación hombre-mujer, siempre la intencionalidad es la de doblegar la voluntad de ésta, anularla, y eliminar todo posible obstáculo que se oponga al ejercicio de ese poder, y no encuentra éste hombre otro modo que el del empleo de la fuerza para lograrlo.

Por supuesto que también en esa relación de desequilibrio de poder, está lo establecido por la cultura, por el contexto o porque ha sido obtenido por el agresor de modo interpersonal y que le ha permitido tener el control de la relación en esa relación de pareja.
Entonces y para que quede claro siempre que hay una “conducta violenta esto es sinónimo de abuso de poder en una relación interpersonal, y el agresor la utiliza con el fin de lograr el daño de la mujer, por eso es que el poder de ese hombre hacia la víctima siempre se considera abuso”.

No se puede aislar el fenómeno de la violencia hacia la mujer en su análisis, de todo aquellos elementos y factores que están en la cultura y que la legitiman, y éstos son creencias y valores que en toda sociedad patriarcal toma a los hombres y les confiere derechos y responsabilidades en cuanto a “dirigir la conducta de la mujer”.

Esto es desde siglos y ha incidido en la discriminación hacia la mujer y sido transmitido en las estructuras sociales, perpetuados por la familia, y se hace presente en esa diferencia de valor, diferencia de poder en los estereotipos de género que se manifiestan tanto en el noviazgo como así también en el matrimonio o la convivencia entre el hombre y la mujer.

Estos estereotipos son:

  • Que las mujeres son inferiores a los hombres
  • Que el hombre es el jefe del hogar
  • Que el hombre tiene derechos de propiedad sobre la mujer y los hijos
  • Que la privacidad del hogar debe ser defendida de las intromisiones externas

En éste cúmulo de elementos que a la hora del análisis de la violencia doméstica hay que tener en cuenta, no debe dejarse de observar la importancia de la influencia de los factores como la dificultad económica y el desempleo como generadores o puentes facilitadores de situaciones de violencia y que son considerados factores de riesgo fuertemente asociados con el problema.

El estrèss económico y laboral se encuentran en cualquier clase social, no sólo en las más bajas, y también debemos considerar al subempleo en éste órden. Pero si bien también es importante tomar conciencia que ninguno de éstos elementos es en sí mismo causa de la violencia intrafamiliar, y al igual que el alcoholismo, aumentan el riesgo en sí, no lo determinan.

“La utilización de las distintas formas de violencia intrafamiliar, esto es: abuso físico, emocional o sexual, supone el empleo de la fuerza para controlar la relación, y habitualmente se ejerce desde los más fuertes hacia los más débiles.
Es por eso que la violencia es entendida como un emergente de las relaciones de poder dentro de una familia”
Lic. Jorge Corsi

Es muy común cuando se tiene contacto con familias en las cuales hay problemas de violencia, que muestran que el poder que manifiesta el hombre, el padre de familia responde a lo establecido por la cultura, esto no es percibido desde afuera, y esto se da porque la familia necesita naturalmente un cierto aislamiento social, que permite que ésta violencia no trascienda y no sea posible de ser observada por la mirada de los otros.

Otro elemento que surge comúnmente en quienes viven en éste contexto de violencia es que hay un alto porcentaje de hombres violentos que muestran en su historia personal violencia en su familia de origen. Es decir generalmente los hombres violentos en su hogar, han sido niños maltratados o que por lo menos han sido testigos de la violencia de su padre hacia su madre, entonces estamos hablando de un patrón de conducta.

Esto también se puede observar en las mujeres víctimas de violencia, se puede rastrear en su infancia el haber recibido maltrato o el haber sido testigos de maltrato hacia su madre, esto ha producido en su persona que esa violencia se halla “normatizado”, se la tome como algo a aceptar, y llegando a no tomar conciencia de que es un maltrato, y en el caso del hombre violento a éste le cuesta entender que sus conductas ocasionan daño.

Éstos modelos violentos de conducta tienen un efecto “cruzado” pues el varón se identifica con el agresor, mientras que la mujer se identifica con la víctima.

Y hay un elemento común a ambos que es la baja autoestima, que en la mujer aumenta los sentimientos de indefensión y culpabilidad y en los hombres activa mecanismos que lo llevan a estructurar una imagen externa “dura” (esto se da por efecto de mecanismos de sobrecompensación).

En cuanto al ciclo de la violencia podemos decir que ésta no se da en forma permanente, sino que hay una variación entre las situaciones de violencia, le siguen a ésta períodos de calma y afecto, para luego volver a las situaciones de violencia que pueden llegar a veces hasta la muerte de la víctima. Siempre en ésta relación de pareja el vínculo es de poder y posesión desde él y de dependencia y sumisión de ella, esto ya desde el noviazgo se puede notar en una relación que comienza por los intentos de él de controlar la relación, es decir decisiones, conducta, e incluso formas de pensar y también las ideas de ella.
Una vez que éste control ya está en ese modo de relacionarse, para mantenerlo se hace necesario el ejercer ciertos métodos de dominación que incluyen a veces la violencia.

Los primeros síntomas se pueden percibir durante el noviazgo, cuando la interacción comienza a caracterizarse por los intentos del hombre por controlar la relación, es decir, controlar la información, las decisiones, la conducta de ella, e incluso sus ideas o formas de pensar. Cuando el control de la relación se ha establecido, debe mantenerse a través de métodos que pueden incluir la violencia.

Cuando éste hombre violento viene a tratamiento psicológico podemos comprobar que generalmente ha internalizado como resolución de conflictos pautas violentas y desde su infancia, durante la cual él aprendió que el modo más rápido y efectivo de aliviar la tensión que produce una situación y el modo más es mediante la violencia.

Éste hombre violento generalmente muestra inexpresividad emocional, tiene baja autoestima, y dificultad para expresar en forma verbal sus sentimientos.

En la esfera pública se muestra generalmente como un hombre equilibrado, y puede llegar a ser para quienes se enteran de su conducta violenta una sorpresa enterarse de esto, ya que no manifiesta signos de ser así.

Pero cuando está en el seno familiar, su conducta cambia totalmente, se muestra con tono y comportamiento agresivo, amenazante, agrede tanto verbalmente como físicamente, como si se “transformara en otra persona”. Se encuentra siempre a la “defensiva” y también muestra la “posesividad” respecto a su pareja.

Tiene una percepción rígida de la realidad, ideas cerradas. Y siempre encuentra en la conducta de su mujer gestos de “provocación” en los cuales justifica su violencia. Es común que tenga reacciones celotípicas.

En cambio la mujer maltratada lo que ha incorporado en su infancia de maltrato o de ser testigo de maltrato a su madre son modelos de dependencia y de sumisión. Pueden encontrarse en ella síntomas psicosomáticos, producto de reprimir sus necesidades emocionales, del miedo ante las vivencias de violencia de las que es víctima, como así también siente sentimientos de indefensión, impotencia, se vuelve huidiza y evitativa.

Generalmente no cuenta lo que le pasa en su contexto de maltrato, a veces tiene conductas que desde afuera se ven como “contradictorias” (pues hace una denuncia y luego la retira). Y para alguien que esté en la esfera social se muestra como huidiza, temerosa, aislada, y cualquier estímulo puede lograr que tenga una reacción emocional.

Se percibe a sí misma imposibilitada de salir de la situación de violencia en la que se encuentra, y esto es así pues tiene una idea sobredimensionada sobre el poder que realmente tiene su marido, le teme y por esto le confiere todo el poder. Encuentra que ella por sí nunca podrá valerse por sí misma.

En casos en los que el maltrato es muy grave y prolongado en el tiempo, puede encontrar en su mente como solución las ideas o de suicidio o de homicidio, llegando a cometerlo a veces. El abuso que su esposo comete tanto en lo físico como en lo psíquico y emocional hace que se sienta inútil, tonta, loca y tal como él lo dice, lo cree y llega a dudar de sus propias ideas o percepciones.

Todo lo anterior manifestado nos sirve para comprender las consecuencias de esa victimización sobre la mujer que tiene efectos psicológicos profundos en el corto y en el largo plazo.

En el primer momento y a continuación de esa violencia sufrida la reacción seguida es de conmoción, paralización y también negación de lo sucedido, aturdimiento, desorientación, sentimientos de soledad, depresión, vulnerabilidad e impotencia.
Ésta primera etapa es de desorganización, pero luego la reacción suele cambiar y pasar en el mediano plazo a presentar ideas obsesivas, dificultad de concentración, insomnio, pesadillas, llanto incontrolado, consumo de psicofármacos.

También se han detectado síntomas de Estrés post traumático, y son trastornos emocionales pero que se presentan como secuela del maltrato y la situación traumática vivida, pero que no necesariamente aparecen a continuación de la situación vivida.

Carlos Sluzki señala seis niveles en los cuales se pueden ubicar los efectos de la violencia de acuerdo a:

  • el nivel percibido de amenaza para la persona
  • y el grado de habitualidad de la conducta violenta

a. Disonancia cognitiva:cuando se produce una situación de violencia de baja intensidad en un contexto o en un momento inesperado. La reacción es de sorpresa, de imposibilidad de integrar el nuevo dato a la experiencia propia (Un ejemplo de esto es cuando las mujeres maltratadas relatan el primer episodio durante la luna de miel).

b. Ataque o fuga: cuando se produce una situación de violencia de alta
intensidad de un modo abrupto e inesperado. En estos casos, se desencadena una reacción psicofisiológica de alerta, pudiendo reaccionar con una posición defensiva u ofensiva, escapándose del lugar o enfrentando la amenaza. Es el caso de las mujeres que atraviesan los ciclos iniciales de la violencia y se ven sorprendidas por una conducta violenta desproporcionada para la situación.
En estos ciclos iniciales, todavía la sorpresa obra a modo de disparador de conductas de ataque o fuga.

c. Inundación- Parálisis: cuando se produce una situación de violencia extrema, que implica un alto riesgo percibido para la integridad o la vida. La reacción puede incluir alteraciones del estado de conciencia, desorientación, etc, y ser el antecedente para la posterior aparición del Síndrome de Stress Postraumático, ya descrito. Muchas mujeres relatan esta experiencia de paralización frente a situaciones tales como amenazas con armas, intentos de estrangulamiento o violación marital.

d. Socialización cotidiana: cuando las situaciones de maltrato de baja intensidad se transforman en habituales, se produce el fenómeno de la naturalización.
Las mujeres se acostumbran a que no se tengan en cuenta sus opiniones, que las decisiones importantes las tome el hombre, a ser humillada mediante bromas descalificadoras, etc., pasando todas estas experiencias a formar parte de una especie de telón de fondo cotidiano que tiene el efecto anestesiante ante la violencia.

e. Lavado de cerebro: Cuando las amenazas, coerciones y mensajes humillantes son intensos y persistentes, a menudo la víctima incorpora esos mismos argumentos y sistemas de creencias, como un modo defensivo frente a la amenaza potencial que implicaría diferenciarse (ella cree que la obediencia automática la salvará del sufrimiento). La mujer, llegado a este punto, puede repetir ante quien intenta ayudarla, que ella tiene toda la culpa, que se merece el trato que recibe, etc.

f. Embotamiento- Sumisión: Cuando las experiencias aterrorizantes son
extremas y reiteradas, el efecto es el “entumecimiento psíquico”, en el que las víctimas se desconectan de sus propios sentimientos y se vuelven sumisas al extremo. En estos casos, la justificación de la conducta del agresor y la autoinmolación alcanzan niveles máximos.

Siempre éstos efectos están acompañados de: cefaleas, dolores de espalda, trastornos gastrointestinales, disfunciones respiratorias, palpitaciones, hiperventilación, y están acompañados psíquicamente por estados de ansiedad, fobias, agotamiento, adinamia, abulia, depresión, etc.

Es muy común que quienes en algún momento de su vida tienen conocimiento de la violencia infligida sobre una mujer y también de su conducta y comportamiento de la misma ante el responsable de la violencia, sienta y juzgue como inentendibles su conducta, pero se han establecido explicaciones sobre la misma por ejemplo según el doctor Brookoff, especialista en violencia doméstica, esta actitud de la violencia que parece una paradoja de amor y violencia, y ante las cuales son muchas las mujeres maltratadas que vuelven con su pareja, retirando a veces las denuncias, y también teniendo conductas de protección hacia sus victimarios, se explicaría porque piensan antes en “su familia que en sí mismas y están dispuestas a soportar todo para mantenerla unida”. Hay otros pensadores que han dicho que “la mujer necesita de la relación de pareja para reforzar su identidad y por eso su intención de mantenerla a toda costa”.

Y hay una teoría que sostiene que el 27 % de las mujeres maltratadas por su pareja sufre del Síndrome de Estocolmo, que es el mismo que sufren los prisioneros de guerra o las víctimas de secuestro. La persona en ésta situación sufre cuatro fases de victimización:

1. Desconfianza y negación : esto no me puede estar pasando a mí.
2.Acepta la situación (se siente dependiente de su agresor, a quien considera un superhombre).
3. Depresión traumática y estrés postraumático.
4. Integración del trauma en la vida normal.

Y en esto hay que hacer una salvedad, mientras los secuestrados reciben ayuda para ser liberados y son considerados desde lo social víctimas, las mujeres maltratadas deben generalmente mostrar y demostrar que son víctimas y no reciben ayuda, salvo que la pidan y esto les resulta muy difícil a veces de demostrar, pasando a ser víctimas nuevamente de las estructuras sociales.

COMENTARIO DE MARIA:… en un foro de violencia familiar
1. Sería importante que todas y cada una de las mujeres nos solidarizáramos con quienes están sufriendo éste flagelo, hayamos o no sufrido en algún momento de nuestras vidas el maltrato en cualquiera de sus formas, pues haciéndolo lo que logramos es hacer que la sociedad tome conciencia de que no debe existir en ninguna cultura, en ningún país, en ninguna forma.

Al tomar conciencia, ya se está aportando un granito de arena para extirpar éste terrible mal en el mundo, que sigue existiendo fundamentalmente porque la mujer y no sólo en las sociedades consideradas “atrasadas”, sino en todas se considera en menor valía que el hombre, y por supuesto en esas sociedades es más, pero sin ir más lejos en las sociedades que se consideran “avanzadas” acaso los sueldos de los hombres no son mayores que el de las mujeres? y si eso no es violencia, qué es? Por supuesto que la violencia propiamente dicha, no la enmascarada es suprema, y hay que erradicarla antes, pero es toda la que hay que ir modificando, y en eso lo fundamental es la toma de conciencia, el enseñar que no se la debe permitir, educar, y dar derechos, como así también enseñarles a todas las mujeres que los tienen y los deben usar.

MARÍA

Y ya para terminar un comentario más personal, siempre desde nuestra función como efectores de salud es importante que adoptemos una actitud de benevolencia, contención y hagamos todas las preguntas a quienes sospechemos que son víctimas de la violencia en el seno de su hogar, pues es común que la víctima sienta temor y vergüenza de contarnos lo que le ocurre, si adoptamos una actitud natural, pero respetuosa de su dolor seguramente encontrará la forma de contarnos y nosotros sabremos hacer una intervención que no nos es posible por la actitud de la víctima, salvo de brindarla sólo en algunas apreciaciones, sugerencias o consejos, que pueden ser los que en el momento indicado le ayudan a salvar su vida y la de sus hijos, por eso ante la ligera sospecha de que hay violencia familiar, no dejar de intervenir, y si no se sabe que hacer, al menos consultar a otro profesional que sí sepa para que así podamos entre todos y cada uno de nosotros aportar aunque sea una pequeña acción para sumar en la lucha de ese flagelo humanitario que es la violencia intrafamiliar, que tanto daño hace en todo el mundo.

Asociaciones de ayuda Para mujeres víctimas de violencia:

Lugar de Mujer. Av. Corrientes 2621 “83″; Tel: 4961-8081.

Para mujeres víctimas de violencia sexual:
Dirección General de la Mujer. Asesoramiento integral. Tel: 0800-66-MUJER (68537). Atención las 24hs.

Oficina de Asistencia Integral a la Víctima del Delito. Tel: 4954-8415, 4952-8629 / 9980. Atención de 8 a 20hs.

Colegio Público de Abogados. Asesoramiento Jurídico. Tel: 4327-0807 Int. 7. Atención de 10 a 18hs.

Hospital Álvarez. Atención psicológica. Aranguren 2701. Atención de lunes a vernes de 8 a 13hs.

Hospital Muñiz. Atención psicológica. Uspallata 2272. Atención de lunes a viernes de 8 a 12hs.

Centro de Salud y Acción Comunitaria Nº 22. Atención psicológica. Teléfono: 4855-6268; Guzmán 90. Atención miércoles y viernes de 13 a17hs.

Centro de Salud y Acción Comunitaria Nº 23. Atención psicológica. Tel: 4983-6098; Querandies 4289. Atención lunes y martes de 13 a 17hs.

Centro de Atención a Víctimas de Violencia Sexual de la Policia Federal. Atención psicológica.

Oficina de Sorteos de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional. Denuncias. Viamonte 1147 de 7,30 a 13,30hs.

Fiscalias de Turno. Denuncias. Tels. 4954-8415 / 4952-8629 / 9980. Atención de 8 a 20hs.

Campaña No Más Violencia Contra las Mujeres de Amnistía Internacional. Para recibir información sobre el tema enviar un mail a campmujer@amnesty.org.ar

Lic. CRISTINA HEINZMANN
Psicóloga-Terapeuta
Centro Psicológico Compartir
Psicoterapia en Línea

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