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Vivir con Diabetes. Impacto Social y Psicológico

insulinaEste es el caso de una paciente diabética desde los 15 años que ha querido contarnos su realidad, y por todo lo que pasa un paciente diabético. Me pareció muy interesante e ilustrativo publicarlo aquí para que todos lo podamos leer y aprender de él.

Me gustaría hablaros un poquito de esta enfermedad crónica, esto es, para toda la vida, que padezco desde los 15 años.

Ahora tengo 28 y resido en España y, si bien el sistema sanitario español asume gran parte del coste asociado a la enfermedad, subvencionando la gran mayoría del elevado coste del material para autoanálisis, consultas médicas, revisiones y casi la totalidad del coste de los medicamentos, aún se pasa por alto la repercusión que este mal pueda tener sobre la vida emocional del paciente.

La Diabetes es, hoy por hoy, una gran desconocida aún a pesar de que se estima que, aproximadamente 1 de cada 100 personas la padece. La mayoría de la población sabe que el paciente diabético debe seguir un régimen alimenticio e inyectarse insulina pero poco más. Sólo los diabéticos tipo 3, es decir, aquellos que no padecen la diabetes en primera persona pero conviven con un paciente llegan a implicarse el conocimiento y re-conocimiento así como colaborando en el tratamiento y prevención de complicaciones agudas y crónicas que trae consigo.

¿QUÉ ES LA DIABETES?
La diabetes es una enfermedad autoinmune, es decir, el sistema inmunológico reacciona ante determinados estímulos –infecciones, genes, stress, otras enfermedades autoinmunes…- desencadenando la destrucción de las células del páncreas que producen la insulina y, en consecuencia el organismo empieza a enviar signos de alerta que nos avisan de que algo va mal. Sed permanente, agotamiento, repetidas visitas al baño, apetito desmedido y pesadez en brazos y piernas, dolor de cabeza, y otros que pueden variar según la resistencia física de cada persona deberían alertarnos y, en efecto, lo hacen, de que algo va muy mal por ahí dentro. Nuestro cuerpo ya no produce insulina o lo hace en cantidad insuficiente por lo que debemos proporcionársela desde fuera. De no ser así, se desencadenaría un coma diabéticoy la muerte.

Existen varios tipos de diabetes, desde la gestacional, que aparece únicamente durante el embarazo y desaparece poco después del parto en la mayoría de ocasiones, la diabetes tipo I (juvenil o insulino-dependiente) que suele ser la más agresiva ya que aparece a edades muy tempranas e incluso en bebés y es muy común en niños, jóvenes y generalmente antes de los 45 años.

Requiere tratamiento con insulina y autocontrol intensivo, análisis en la yema de los dedos y ajustes de la dieta e insulina que el paciente realiza en su propia casa a medida que alcanza los conocimientos necesarios, llegando a adquirir un alto grado de autonomía.

Por último, la diabetes tipo II suele aparecer a partir de los 45 años y en muchos casos requiere de tratamiento con pastillas que estimulan a las células del páncreas a producir insulina.

IMPACTO PSICOLÓGICO DE LA DIABETES
Desde mi propia experiencia puedo decir que la diabetes es una enfermedad con la que se tiende a llevar una relación de amor-odio.

Al principio te cae como un mazazo. Da igual la edad del paciente, si es un bebé de 12 meses o un niño de 5 años puede influir de manera decisiva en el desarrollo psicológico del niño. Éste ha de madurar desde muy joven, debe aprender que ha de privarse de casi todo aquello que comen y hacen sus compañeros de guardería o colegio.

Aprenderá a vivir bajo las miradas curiosas de sus compañeros cuando ha de hacérsele un autoanálisis y es fundamental contar con un equipo docente bien preparado en el centro escolar que se responsabilice del tratamiento en ausencia de sus padres. Esto no es fácil, por supuesto y suele conllevar una gran carga de estrés y ansiedad para los padres y profesores así como un afán de excesivo proteccionismo muy perjudicial sobre el niño.

Es por este motivo que los equipos de salud deberían incluir la asistencia psicológica, tanto al propio niño como a sus padres y cuidadores si éste es muy pequeño aún. Este es un aspecto que hoy por hoy no recibe la atención e importancia necesaria pero una visita a un psicólogo especializado puede dar a los padres una buena orientación sobre cómo tratar a su hijo sin agobiarle en exceso ni minar su autoestima al tiempo que le ayudan a aceptar su enfermedad y responsabilizarse de su propio tratamiento evitando o retrasando al máximo la aparición de las temidas complicaciones que derivan del mal control metabólico.

En mi caso, yo contaba ya con 15 años de edad y en plena ebullición adolescente. La diabetes me obligó a coger conciencia y responsabilidad de mí misma pero al mismo tiempo muchas dudas y falta de confianza en mí misma. El debut en diabetes, como se conoce al momento en el que ésta se manifiesta me obligó a replantearme muchas de las actividades, costumbres, amistades y hábitos, muy anclados en mi vida. En este caso se produce una especie de duelo del mismo modo que cuando se pierde a alguien querido o ha de enfrentarse una separación. En cierto modo has de decir adiós a una porción de tu vida y hacer muchos ajustes para enfrentarte a la nueva realidad.

A partir de este momento, la familia, los amigos, los compañeros de colegio o instituto no saben muy bien cómo reaccionar por lo que una diabética que tiene ya cierta madurez emocional debería tratar su enfermedad ante la sociedad con la mayor naturalidad posible, incluso bromear sobre ella. De este modo el ambiente se hace más distendido y se le da a la enfermedad su importancia justa sin ignorarla ni sobrevalorarla en exceso.

El problema radica en que esto no es, en absoluto, fácil. En muchos momentos, en soledad, aparece la frustración, la rabia, el enfado y es imprescindible encontrar una válvula de escape pues el nerviosismo y el estres interactúan negativamente sobre la diabetes agravándola, elevando inexplicablemente los niveles de glucosa y provocando descompensaciones.

Interactuar con otros diabéticos, asociarse, estudiar todo lo posible sobre la enfermedad, aprender a preparar menús saludables y ajustar la insulina, y, en definitiva, adquirir la mayor autonomía posible en el autocontrol beneficia a todos. Saber ajustar en todo momento tu tratamiento te da flexibilidad para viajar, comer fuera de casa y hacer una vida PRÁCTICAMENTE normal. Acudir puntualmente a una Terapia Psicológica puede ayudarte también a aceptar tu nueva situación, restablecer tu autoestima y continuar con tu vida si no te sientes capaz por ti mismo.

¿Qué ocurre cuando aparecen complicaciones?
Un mal control metabólico continuado puede afectar terriblemente, con el tiempo, a otros órganos como los riñones, la vista o la circulación periférica desencadenando situaciones críticas e irreversibles, causando incapacidad laboral y graves depresiones, amputaciones, pérdida de uno ambos riñones, ceguera… Es por ello imprescindible tomar responsabilidad en el control y ajustar éste a tu vida para poder sentirse mejor con uno mismo y retrasar e, incluso evitar la aparición de complicaciones.

La ayuda psicológica puede ayudar también ante el estres laboral, el desconocimiento general que existe de la enfermedad margina al diabético en muchas ocasiones, creyéndosele incapaz de asumir ciertas responsabilidades. Muchos diabéticos nos vemos obligados en algunos momentos a ocultar nuestra condición en nuestro lugar de trabajo, se nos ponen trabas para contratar seguros médicos, nos obligan a renovar el permiso de conducir cada dos años (hasta hace poco de forma anual), trabas, en definitiva, carentes de sentido pues cualquier persona, en cualquier momento puede sufrir una bajada de tensión, un desmayo e, incluso un infarto.

CONCLUSION.
En definitiva, pedir ayuda cuando se necesita, responsabilizarse de nuestra condición y autocontrol, , conocer a otras personas en la misma situación y llevar una vida lo más normal posible sin darle más importancia a la diabetes de la que tiene realmente pero también sin ignorar que ELLA VIAJA CONTIGO A TODAS PARTES contribuirán positivamente a ir derribando barreras sociales y dificultades y dar a conocer a la sociedad que los diabéticos somos capaces de la mayoría de las cosas que puede hacer cualquier otra persona, incluso tener hijos sanos, somos competentes y somos personas. Una buena ayuda psicológica en momentos puntuales puede ayudarnos a aceptarlo y a vivir más cómodamente con ella.

Inma D.
Madrid, España.

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